«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 21 de noviembre de 2014

El pseudosocialismo chino, la confusión del término «pueblo» y la alianza inmutable con la burguesía nacional

Mao Zedong durante 1949

«Para 1957, Mao Zedong hablaba de:

«El triunfo de la revolución democrático-burguesa y las victorias de la revolución socialista, así como los éxitos alcanzados en la construcción socialista». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo: Obras escogidas, Tomo V, 27 de febrero de 1957)

¡Veamos qué milagro había sucedido para hacer pasar la revolución china de la etapa de «nueva democracia» a la «etapa socialista»! Para comprender este milagro, basta con proceder al estudio de «las contradicciones en el seno del pueblo» chino. Así que lo primero que se debe tener en cuenta según Mao Zedong es que:

«La contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional hace parte de las contradicciones en el seno del pueblo». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo: Obras escogidas, Tomo V, 27 de febrero de 1957)

En efecto, si comparamos de nuevo, recordaremos que entre la «nueva democracia» y el «socialismo con características chinas» la línea de diferenciación es muy borrosa. Para Mao Zedong las contradicciones:

«Existentes entre la clase explotada y la explotadora tienen, además del aspecto antagónico, otro no antagónico». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo: Obras escogidas, Tomo V, 27 de febrero de 1957)

Los economistas burgueses también afirman esto bajo otra forma: ¡el capital explota al proletariado, pero en el curso de la explotación aumenta la riqueza social y en condiciones favorables, el proletariado puede sacar provecho de unas migajas!

Ciertamente que existe una cierta base material que permite afirmar que las contradicciones entre el capital y el proletariado son de una naturaleza dual, pero también es esa base sobre la que siempre descansa el oportunismo. Con el fin de no pasar abiertamente como traidor ante el proletariado, Mao Zedong intenta mostrar como marxista política de capitulación ante la burguesía nacional. Reconoció que:

«En el período de la revolución socialista, al tiempo que explota a la clase obrera obteniendo ganancias, apoya la Constitución y se muestra dispuesta a aceptar la transformación socialista. La burguesía nacional difiere del imperialismo, la clase terrateniente y la burguesía burocrática. La contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional, que es una contradicción entre explotados y explotadores, es de carácter antagónica. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, esta contradicción antagónica entre las dos clases, si la tratamos apropiadamente, puede transformarse en no antagónica y ser resuelta por medios pacíficos». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo: Obras escogidas, Tomo V, 27 de febrero de 1957)

¡Así, es normal que la burguesía nacional china se adaptara muy bien al «socialismo» de Mao Zedong! Y esto lo comprendemos: la burguesía jamás había soñado con un «socialismo» donde se continuara explotando «pacíficamente» a los obreros mientras se la «reeducaba». ¿Era acaso también «socialismo» el contenido del 5% de interés que se la otorgaba en China?

Una tasa menor de ganancia, ni siquiera muestra una mejora en el plan económico, político o social para los obreros, sólo hace falta recordar que Adolf Hitler justifico el «nacionalsocialismo» acorde al fascismo alemán con que en:

«¡El Estado, el pueblo! Nuestros capitalistas reciben sólo el 8%. ¡Esto es suficiente para ellos!». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe de discusión del camarada Stalin con economistas, 29 de enero de 1941)

Ciertamente, el diseño pequeño burgués de «socialismo» puede justificarlo todo.

Para Mao Zedong:

«La contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional se convertirá en una contradicción entre nosotros y el enemigo si no la tratamos como es debido, es decir, si no aplicamos la política de unidad, crítica y educación respecto a la burguesía nacional, o si ella no acepta esta política». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo: Obras escogidas, Tomo V, 27 de febrero de 1957)

En representación de las capas no proletarias, él mismo tenía en mente que el proletariado chino, al cual había alimentado de prejuicios reformistas, no cuestionaría los fundamentos de este tipo de socialismo. Lenin habló de la creencia de que la sumisión pacífica de los capitalistas era una estupidez «pequeño burguesa» y en el mismo ámbito Stalin ejerció una gran previsión señalando que el hecho de basarse en los términos «específicos» de tal o cual país servía a los oportunistas para escamotearse de las tareas y características generales de los comunistas en todo país burgués, y endosar con ello la colaboración de clase y la traición:

«En las empresas mixtas estatal-privadas de la industria y el comercio, los capitalistas reciben todavía un dividendo fijo, valga decir, aún existe explotación. En cuanto a la propiedad se refiere, este tipo de empresas no tiene todavía un carácter completamente socialista. Una parte de las cooperativas de producción agrícola y de las cooperativas de producción artesanal aún es de carácter semisocialista. En las cooperativas enteramente socialistas, quedan por resolver ciertos problemas acerca de la propiedad». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo: Obras escogidas, Tomo V, 27 de febrero de 1957)

La «reeducación» de la burguesía nacional china, consistía entonces, en disminuir una cuota de sus ganancias, en momentos en que la centralización de la economía china era necesario sacarla de su atraso secular. ¡En Mao Zedong, como para todos los socialdemócratas burgueses, el disminuir las tasas de ganancias de la burguesía y el subir los salarios, era por lo tanto, un criterio de «socialismo»! ¿Por qué no admitimos lo mismo para otros países burgueses? ¡A continuación estaríamos hablando de la construcción del «socialismo» en muchos países sin lugar a duda! Lo cierto sería que la realidad de la explotación en esos países no cambiaría un ápice, pero sí que ganaría en apariencia como en este caso.

De hecho Mao Zedong no estuvo lejos del socialista utópico Robert Owen: por lo menos éste último acabó dándose cuenta que a pesar del mejoramiento de las condiciones económicas y sociales de los obreros de New-Lanark, a pesar que se les proporcionó educación y salud, a pesar de la reducción del horario laboral, a pesar de la ayuda a los parados, a pesar de la erradicación de la embriaguez, de la justicia penal, de la salud pública y de la caridad, de hecho, y a pesar de la creación de un modelo «ideal» de democracia burguesa, la explotación del trabajo asalariado no era abolida: en New-Lanark en efecto se seguía obteniendo beneficios después de pagar a los accionistas un interés del 5%, a lo que Robert Owen pronunció:

«Aquellos hombres eran mis esclavos». (Friedrich Engels; Del socialismo utópico al socialismo científico, 1878)

A muchos «marxista-leninistas» deberían ponerse en la escuela del socialista utópico de Robert Owen, antes de procurar ver socialismo donde no lo hay.

Algunas burguesías nacionales de los países dependientes como Cuba y China, han tratado de generalizar el sistema al nivel de una nación, pero ni a ninguna pero igualmente eso no les hace digno de llamarse países socialistas.

Esta es la base del reformismo pero trayendo cambios cuantitativos a un nuevo nivel cualitativo. ¿Es una coincidencia que Mao Zedong esperó a que Stalin falleciera para vociferar abiertamente que la «construcción del socialismo» en China necesariamente pasaría por la integración y reeducación de la «ala revolucionaria» de la burguesía nacional china? ¡Mao Zedong obviamente no expresó tan crudamente sus puntos de vista revisionistas cuando Stalin aún vivía porque sabía que hubiera terminado como Tito!

Es comprensible, por tanto, porqué Mao Zedong apoyó a Nikita Jruschov, y lo califico del «Lenin de nuestro tiempo», ya que era un aliado que le daba vía libre para aplicar su camino revisionista nacional-burgués». (Vincent GouysseEl socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués; 2007)

Sobre la teoría de la perpetuación del multipartidismo burgués en el revisionismo chino

Mao Zedong, Deng Xiaoping y Chou En-lai en los 70

«
En la revista «Nueva democracia» Chen Chi-Yuan justificaba los mismos procesos de pluralidad de partidos políticos en China, exceptuando a los terratenientes y burguesía compradora:

«Todas las clases, incluida la burguesía nacional, habían sufrido la opresión feudal e imperialista. Ellos por tanto formularon exigencias revolucionarias. Así, en la sociedad socialista, al lado del Partido Comunista de China, que constituye el elemento dirigente del Estado, otros partidos continuarán aportando su cooperación». (Chen Chi-Yuan; Revista «Nueva democracia», nº7, julio de 1957)

Los revisionistas suizos, aludían:

«En la Unión Soviética, la dictadura del proletariado se lleva a cabo como parte de un sistema único de partido. Pero en las condiciones históricas de China, quisieron que esta dictadura tomara en casa una forma diferente». (Partido Suizo del Trabajo; Revista «Socialismo», nº143, agosto-septiembre de 1957)

¿Existía realmente una «forma diferente» [de dictadura del proletariado -  Anotación de B. N.], o aquella forma «diferente» reflejaba en efecto un contenido muy diferente? !Los revisionistas chinos hablaban a propósito de la «voluntad» de las condiciones históricas, para tratar de justificar su traición a las masas de trabajadores chinas, especulando que los miembros de la burguesía nacional «se convertirían en trabajadores socialistas» después de la «transformación socialista» y que éste sería también el destino de los partidos «democráticos» que lo representan! [Como han expresado siempre los marxista-leninistas como Lenin, Stalin o Enver Hoxha, los partidos representan a las clases, por lo tanto los partidos no obreros solo puede servir de aliados hasta la construcción económica del socialismo, que elimina como tal a las clases explotadoras y proletiza a las masas trabajadoras como el campesinado, por ello: (1) intentar crear un multipartidismo en el «socialismo», como defienden la socialdemocracia, el revisionismo jruschovista, o el revisionismo eurocomunista, significa que en ese país realmente no se ha construido económicamente el socialismo en el campo y la ciudad, y (2) representa una tendencia a compartir el liderazgo del poder político del partido comunista y la clase obrera con otras clases sociales, más cuando se hace énfasis que esos partidos deben no sólo coexistir sino supervisar al partido comunista; en el caso del revisionismo chino esta desviación tan clásica fue recuperada por Mao Zedong: «¿Qué es mejor: que haya un solo partido o varios partidos? Por lo que hoy parece, es preferible que haya varios. Esto no sólo es válido para el pasado, sino que puede serlo también para el futuro; significa coexistencia duradera y supervisión mutua. (...) Tanto el partido comunista como los partidos democráticos surgieron en el proceso histórico. Todo lo que surge en el proceso histórico desaparece en el mismo proceso. Así, tarde o temprano desaparecerá el partido comunista y, de igual modo, los partidos democráticos».  (Mao Zedong, Sobre diez grandes relaciones, 1956) Tiempo después Deng Xiaoping orgullosamente como su discípulo, tomo esta «aportación» de Mao Zedong para su política: «La construcción y desarrollo del socialismo se ha convertido en unos intereses y aspiraciones comunes de todos los partidos democráticos, las federaciones de la industria y el comercio y de nuestro partido. Durante este nuevo periodo histórico, los partidos democráticos y las federaciones de industria y comercio continúan jugando un importante rol que no puede ser ignorado. Creemos que en el futuro los partidos democráticos y federaciones de industria y comercio harán aún mayores contribuciones al desarrollo y consolidación de la situación política de estabilidad y unidad, aceleración de la modernización socialista, promoción de la democracia, fortalecimiento del sistema legal,  conducta de autoeducación y lucha por la reunificación de la patria. (...) La cooperación multipartidista bajo el liderazgo del Partido Comunista de China sobreviene de las condiciones históricas específicas y reales de nuestro país, y esto también es una característica y una ventaja de nuestro sistema político. En 1956, cuando el sistema socialista fue básicamente establecido en nuestro país, el Comité Central del partido y el camarada Mao Zedong propuso el principio de: «coexistencia duradera y supervisión mutua» con todos los partidos democráticos, el cual ha sido una constante política desde hace mucho tiempo hasta ahora». (Deng Xiaoping; Todos los partidos democráticos y federaciones de industria y comercio son fuerzas políticas que sirven al socialismo, 19 de octubre, 1979) - Anotación de B. N.] 

Entendemos por qué los revisionistas chinos recomendaron tanto no interpretar estos hechos «dogmáticamente», ya que un marxista-leninista sólo podía concluir una cosa: ¡que la China maoísta seguía siendo una democracia burguesa!». (Vincent GouysseEl socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués; 2007)

jueves, 20 de noviembre de 2014

El papel de la socialdemocracia y su actitud ante el frente único del proletariado, Sobre el gobierno de frente único y Actitud que ha de adoptarse ante la democracia burguesa; Georgi Dimitrov, 1935

Continuando con el estudio de las estrategias y tácticas antifascistas. 

Después, en el tercer punto, continuando con el estudio de las estrategias y tácticas antifascistas Georgi Dimitrov observó los cambios que se operaban dentro de los partidos socialdemócratas –que también como otros, tenían un origen de clase heterogéneo–, desde el militante socialdemócrata, hasta ciertos jefes socialdemócrata se habían dado cuenta –y ambos en interés de su necesidad– que la política errónea de auxiliar de la más recalcitrante reacción estaba llevando a los partidos socialdemócratas a allanar el camino a su propia liquidación como partido debido a la victoria fascismo. Aún así, y pese a estar en la cuerda floja el búlgaro anota que seguía existiendo a mediados de los años treinta, y pese a la evidente «fascistización», muchísima resistencia por parte sobre todo de los líderes socialdemócratas, a cesar la colaboración con la burguesía y establecer el frente único que lanzara al partido a la lucha contra el enemigo de clase y su ofensiva. También ve como normal y evidente el proceso de «radicalización» hacia el comunismo entre los militantes obreros socialdemócratas que han contemplado desde los años 20 hasta esos días, diferentes derrotas –en la lucha contra el fascismo–, y diferentes decepciones –a la hora de gobernar el partido socialdemócrata–. Algo que puede ser una ventaja a la hora de establecer el frente único proletario y el frente popular antifascista.

Con este discurso, y siguiendo con el punto seis, se acaba con algunos esquemas rígidos, por ejemplo: es claro que un país bajo dominio fascista la instauración de un gobierno de frente único proletario sólo puede ser a consecuencia del derrocamiento del fascismo en sí, también es normal pensar que esto será lo más probable, ya que es muy difícil aunque no descartable, pasar de un gobierno fascista a un gobierno netamente comunista, de la dictadura burguesa de carácter fascista a la dictadura del proletariado. Así mismo, recalca, que no es un axioma, no es obligación, que el partido comunista a la hora de tomar el poder, deba optar por participar en un gobierno de frente único como etapa previa, presentar esto como etapa obligatoria no es sensato, como dice «el nudo del problema está en saber si en el momento decisivo el proletariado estará en condiciones de derrocar directamente a la burguesía e instaurar su propio poder».

Recordando las pautas del informe central, Georgi Dimitrov exigía que llevar a cabo el frente único del proletariado: contra el fascismo, contra la ofensiva del capital y contra la guerra.

Y pese a estas condiciones recalcó en el caso de las organizaciones socialdemócratas: «hemos asociado y seguiremos asociando la disposiciones para lanzarnos a la lucha contra el fascismo a los partidos y organizaciones socialdemócratas, sin que eso suponga evitar la lucha irreconciliable contra el socialdemocratismo como ideología y como práctica de la conciliación con la burguesía, y también, por consiguiente, sin levantar el veto contra toda penetración de esta ideología en nuestras propias filas».

En el punto quinto hace un repaso, de porque los comunistas, a diferencia de los anarquistas, no nos es igual una democracia burguesa, que una dictadura fascista.

El documento: 
Estatua en homenaje a Georgi Dimitrov estacionada en Moscú

El papel de la socialdemocracia  y su actitud ante el frente único del proletariado, Sobre el gobierno de frente único y La actitud que ha de adoptarse ante la democracia burguesa

El papel de la socialdemocracia  y su actitud ante el frente único del proletariado

Camaradas: desde el punto de vista de nuestras tareas tácticas tiene gran importancia la respuesta que demos a esta pregunta: ¿sigue siendo la socialdemocracia, en los momentos actuales, el sostén principal de la burguesía? ¿Y dónde?

Algunos de los camaradas que participaron en la discusión –como los camaradas Peter Florin y Palme Dutt–, rozaron este problema: pero dada su importancia es necesario darle una respuesta más completa. Es un problema que se plantean, y no pueden dejar de plantearse, los obreros de todas las tendencias, en particular de los obreros socialdemócratas.

En necesario tener presente que en toda una serie de países ha cambiado o está cambiando la situación de la socialdemocracia dentro del Estado burgués, y por tanto su actitud hacia la burguesía. En primer lugar la crisis ha quebrantado a fondo inclusive la situación de los sectores más favorecidos de la clase obrera, la así llamada aristocracia obrera, en la que, como se sabe, se apoya fundamentalmente la socialdemocracia. Y estos sectores comienzan a revisar cada vez más sus antiguas ideas acerca de la conveniencia de la política de colaboración de clase con la burguesía.

En segundo lugar, en una serie de países, como ya indiqué en mi informe, la propia burguesía se vio obligada a renunciar a la democracia burguesa y a recurrir de una forma más terrorista de su dictadura, privando a la socialdemocracia, no sólo de la posición que antes ocupaba dentro del sistema de Estado del capital financiero, sino también en determinadas circunstancias, de su existencia legal, sometiéndola a persecuciones e aun destruyéndola.

domingo, 16 de noviembre de 2014

La estupidez altiva de los pseudorevolucionarios cuando sacan pecho al decir que fueron instruidos en el «socialismo» cubano, y la cobardía cubana frente al revisionismo moderno

Daniel Ortega, Muamar el Gadafi y Fidel Castro durante los 80, conocidos antimarxistas sostenedores de la teoría de los «no alineados, los «tres mundos», la «división internacional del trabajo», y demás teorías burguesas

«
Existen otros que autojustifican sus desviaciones diciendo que han combatido o que se han nutrido en otras «revoluciones socialistas» como la cubana.

Pero: ¿la revolución cubana desarrolló una revolución socialista? ¿Cuál es la muestra más palpable del oportunismo teórico del revisionismo cubano que lo invalida como pensamiento de la clase obrera? ¿Qué es lo que demuestra, que por mucho que aún perviva su régimen,  Cuba no tiene legitimidad moral para hablar de marxismo-leninismo ni para declarar a su país socialista? ¿Cuál es la prueba de su praxis que certifica que sus representantes nunca han sido ni son ni serán representantes del marxismo-leninismo? Los hechos que da respuesta a todas estas preguntas son los siguientes: es indiscutible de que los revisionistas cubanos nunca criticaron ni denunciaron al revisionismo soviético, ni siquiera al de Mijaíl Gorbachov. Es tiempo de que los pseudomarxista-leninistas se den cuenta de que Fidel Castro no es un pesador marxista-leninista, de hecho se convirtió en gramófono del socialimperialismo soviético y cubría todas sus acciones. Precisamente Fidel Castro, y el Partido Comunista de Cuba, permitieron que Cuba se adhiriera a las teóricas revisionistas de los soviéticos de la «división socialista internacional del trabajo», la teoría imperialista de la «soberanía limitada» o la teoría de que en la revolución socialista el papel y asistencia del exterior es el primordial. Con la aceptación de estas teorías Cuba se convirtió en un Estado completamente subordinado al revisionismo soviético de Nikita Jruschov, Leonid Brézhnev y sucesores. Incluso cuando la propia Unión Soviética se derrumbó siguió defendiendo a sus más pérfidas figuras:

«Tomas Borge: Usted hace poco dijo, no refiriéndose al socialismo en general sino al caso específico de la Unión Soviética, que había sido asesinada por la espalda. Le pregunto: en esta conjura de los puñales blancos, entre los asesinos de la Unión Soviética ¿está Mijaíl Gorbachov? Fidel Castro: No, no podría calificar a Gorbachov de esa forma, porque tengo otro concepto de Gorbachov y no el concepto de un asesino que premeditó la destrucción de la Unión Soviética. (...) No puedo decir que Gorbachov haya realizado un papel consciente en la destrucción de la Unión Soviética, porque no tengo duda de que Gorbachov tenía la intención de lucha por un perfeccionamiento del socialismo [¿De qué socialismo habla? Se referirá al capitalismo monopolista de Estado de la época post-brezhneviana de los ochenta cuando llegó Gorbachov? - Anotación de B. N.], no tengo ninguna duda de eso; hablé con él; lo conocí, conversé con él varias veces y llegué a conocer un poco al hombre». (Tomás Borge; Un grano de Maíz, Entrevista a Fidel Castro, 1992)

Por supuesto, podríamos publicar miles de frases de Fidel Castro y el revisionismo cubano alabando a todos y cada uno de los líderes revisionistas soviéticos y del resto de países revisionistas desde los años sesenta hasta hoy. Tampoco intentaron explicar al proletariado mundial el peligro de otro tipo de revisionismos, como pudiera ser el revisionismo eurocomunista. Y en la actualidad ni siquiera son capaces de desmontar teóricamente al «socialismo del siglo XXI»; ¡es más, lejos de repudiarlo lo consideran como el heredero de sus luchas! Así se expresa uno de los más influyentes revisionistas cubanos, el antistalinista Armando Enrique Hart Dávalos, en el diario cubano «Granma»:

«Desde el balcón del Palacio de Miraflores, celebrando la contundente victoria electoral, Hugo Chávez Frías proclamó que los que habían votado por él lo habían hecho por el socialismo. También Chávez ha señalado la necesidad de avanzar hacia el socialismo del siglo XXI, un socialismo autóctono fundado en las realidades de nuestro tiempo y de nuestros pueblos. Va quedando atrás, para siempre, el «socialismo» del siglo XX europeo, aquel vencido «socialismo real» que no lo fue porque, precisamente, no fue socialismo. Recojamos las enseñanzas que de ello se derivan». (Armando Enrique Hart Dávalos; El «socialismo del siglo XXI», 8 de septiembre del 2007)

Lo cierto es que el Estado cubano revisionista-capitalista siempre se ha subordinado por idéntico motivo.  En el pasado esa subordinación se expresó en el encuadre dentro de la teoría de la «división socialista internacional del trabajo» desarrollada por el socialimperialismo soviético; y significó que su economía jamás desarrollaría su industria pesada –pilar fundamental de la economía política marxista-leninista para lograr la autosuficiencia–, preponderando en cambio tanto la industria ligera como la agricultura, y dedicándose a la importación de medios de producción, en consecuencia creando dependencia del exterior. Al mismo tiempo el influjo de capital extranjero ya se inició en los ochenta, redoblando su dependencia. Estos erráticos desarrollos económicos hacen que cuando se da el colapso del campo revisionista soviética en los noventa pierda los principales países que le dotaban de industria y tecnología, y así mismo los principales compradores de sus productos lo que llevó al agotamiento de su economía; y debido a que nunca buscó su autosuficiencia económica, como es regla en el socialismo, su economía se vio profundamente afectada por el bloqueo del imperialismo estadounidense. Por supuesto, el revisionismo cubano hoy carece de las fuerzas necesarias para criticar al que ahora resulta uno de sus pocos apoyos económicos, China, sabedor que de otro modo, denunciando su política antimarxista, los revisionistas chinos le cerrarían el «grifo de la asistencia»:

«Para cumplir ese propósito, afirmaron, China ya ha escogido su propia senda del desarrollo: el socialismo con peculiaridades chinas, en armonía con la naturaleza, con sus vecinos y con el mundo. (...) China ha adecuado con éxito las reglas del mercado a sus condiciones y necesidades concretas, sin abandonar el imperativo socialista de que nadie debe quedarse atrás». (Granma;  Claudia Fonseca Sosa; China y la materialización de un sueño, 26 de junio del 2014)

Como vemos la mezcla es llamativa; el revisionismo cubano acepta y defiende las desviaciones del revisionismo soviético, del revisionismo chino, y en la actualidad las del revisionismo del «socialismo del siglo XXI», etc. Es verdaderamente triste que los representantes de un supuesto partido de corte «marxista-leninista» en el poder –al menos en lo teórico–, no sólo no denuncien a estos enemigos del marxismo sino que lo colman de elogios; y que nosotros, humildes autodidactas, tengamos que realizar este esfuerzo material en exponer punto por punto las debilidades de todos estos revisionismos que el revisionismo cubano no ha querido exponer.

Por tanto, cuando los Tomas Borge, Daniel Ortega, y similares, han querido hacerse pasar como alumnos de la escuela cubana, no podemos más que asentir y reconocerles el diploma en dicha escuela teórica revisionista que tantos años lleva operando en Latinoamérica; pero jamás reconoceremos, a ellos o a sus mentores, como marxista-leninistas». (Equipo de Bitácora de un NicaragüenseEl revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013 [reedición de 2014])

El «socialismo del siglo XXI» y la incongruencia de su pretendida vía constitucional y burguesa al «socialismo»

Nicolas Maduro constitución en mano, durante 2013
«La cuestión reside en que los actuales dirigentes del «socialismo del siglo XXI» proclaman que la actuales constituciones burguesas que defienden la propiedad privada en su país son inalterable y que son el puente para ir al socialismo, que sólo en base a ella se podrá ir al socialismo, ya que consideran la toma del poder insurreccional, el establecimiento de la dictadura del proletariado y la confiscación de los medios de producción a la burguesía, como «métodos obsoletos» para construir el socialismo.

Esta «inocencia» nace en el cariz reformista de dichos gobernantes, que piensan en la «neutralidad» del Estado –en que es superior a las clases–, la «herencia democrática» del ejército y la «transformación pacífica» del burgués. Estas ideas se hicieron un denominador común entre los revisionistas eurocomunistas del siglo pasado.

Enver Hoxha, al que ciertamente estamos citando ampliamente por el extenso material de sus obras contra todo tipo de renegados, nos dejo un análisis muy preciso de esta «manía», hablando de la idea de los eurocomunistas italianos y su «vía italiana al socialismo» mediante la constitución burguesa de la posguerra, analizo nítidamente dicha constitución y su naturaleza:

«El que la constitución italiana difiera, por ejemplo, de la constitución de los tiempos de la monarquía y el fascismo, y que en ella figuren una serie de principios democráticos, esto es comprensible, estos principios han sido impuestos por la lucha de la clase obrera y del pueblo italianos contra el fascismo. Pero no sólo la constitución italiana contiene tales principios. Después de la Segunda Guerra Mundial, la burguesía de todos los países capitalistas de Europa se esforzó en una que otra medida por cortarle los vuelos a la clase obrera, reconociéndole algunos derechos sobre el papel y negándoselos en la práctica». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

A esto se refería el autor cuando hablaba de los derechos clásicos de una constitución burguesa como la italiana, que parecía a simple vista más progresista bajo papel, pero de igual forma en la práctica dichos derechos eran mínimos:

«Las libertades y derechos que prevé la constitución italiana son libertades y derechos puramente formales, que son violados diariamente por la burguesía. Prevé por ejemplo una cierta limitación de la propiedad privada, lo que no ha impedido que los Fiat y los Montedison se enriquezcan cada vez más y los obreros se empobrezcan cada vez más. La constitución prevé el derecho al trabajo, pero esto no constituye un obstáculo para que la patronal capitalista y su Estado arrojen a la calle a unos dos millones de obreros. La constitución garantiza una serie de derechos democráticos, pero no impide que el Estado italiano, los carabineros y la policía actúen casi abiertamente, en base a los derechos reconocidos por la constitución». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Esto es una verdad que a simple vista habrá abierto los ojos a más de un lector sobre el carácter netamente capitalista de la constitución, y el país envuelto en dicho camino «socialista». ¿No sigue inflándose el patrimonio de las grandes familias en estos países del «socialismo del siglo XXI»? ¿No sigue existiendo la propiedad privada e incluso se ha extendido? ¿No se ha eliminado la lacra del desempleo sino que incluso en algunos países suponen todavía un gran problema? ¿No sigue siendo un ejército una institución que por más que digan no puede ser ajeno al poder político ni neutral? ¿No ha lanzado los cuerpos del Estado dominado por el «socialismo del siglo XXI» a reprimir más de una y de dos veces las justas demandas de las masas en materia de educación, vivienda, salud, medioambiente, étnicas, o precisamente empleo?

«Es por ello que debemos ser tan sagaces con las limitaciones de esta «vía alternativa» sino queremos caer en el mero reformismo de los revisionistas eurocomunistas y de los revisionistas del «socialismo del siglo XXI»:

«Los revisionistas pueden quedarse a predicar día y noche, pueden quedarse con la boca seca de tanto hablar en todas las plazas y rezar en todas las iglesias de Italia, pero jamás podrán realizar su sueño reformista de pasar al socialismo a través del parlamento, de la constitución y del propio Estado burgués». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

En ese sentido, y conforme con la constitución burguesa, estas organizaciones entienden que su táctica-estrategia para alcanzar el poder ha de ser siempre la vía electoral democrático burguesa, o lo que es lo mismo, toda su fuerza militante se dedica en exclusiva para crear las condiciones sociales que le permita alcanzar el poder, administrarlo y retenerlo mediante las elecciones de la democracia burguesa. Exactamente como lo han hecho históricamente las organizaciones de estirpe socialdemócrata.

Como confiesan ellos mismos, la sociedad de este presunto nuevo socialismo, no se sale de los marcos del pluralismo democrático de partidos de la democracia burguesa, por tanto, la revolución se puede ir rápido a pico como en otras ocasiones cuando se pierden las elecciones burguesas frente a otros partidos burgueses. Hablando el conocido reformista Carlos Fonseca Terán, habla orgulloso de la experiencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional de los ochenta, que pese a las críticas de la burguesía con nexos con el imperialismo estadounidense que acusaba a la revolución sandinista de socialista, su sociedad mantenía pleno respeto de la propiedad privada en la economía y del pluralismo político en las elecciones políticas:

«En aquella ocasión [las críticas de la burguesía pro estadounidense a la revolución sandinista – Anotación de B. N.], este discurso se refería a los compromisos políticos asumidos por el Frente Sandinista de Liberación Nacional producto de sus alianzas con la oposición antisomocista de derecha, encabezada por los conservadores; tales compromisos se referían sobre todo al pluralismo político, la economía mixta y el no alineamiento, en el sentido de promover un sistema político pluripartidista, la no supresión de la propiedad privada. (…) Todo esto fue mantenido por el FSLN en sus políticas de gobierno. (...) El pluralismo político, sin embargo, fue tan auténtico que el FSLN perdió las segundas elecciones pluripartidistas que él mismo organizó en el marco del modelo político por él establecido». (Carlos Fonseca Terán; ¿Es neoliberal el gobierno del FSLN? Si los perros ladran es que cabalgamos, 2010)

Curiosamente, y de forma que evidencia la estupidez de dicho pensamiento, a día de hoy todavía no saben explicar estos pseudorevolucionarios de una forma clara cuál será el destino de la revolución si el «juego democrático» da a la «revolución socialista» una derrota en las elecciones burguesas como en las «segundas elecciones multipartidistas» nicaragüenses de 1990. ¿Quizás vagar por el desierto de la oposición parlamentaria durante décadas hasta retomar el poder como el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua? ¿Y así cíclicamente?». (Equipo de Bitácora de un NicaragüenseEl revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013 [reedición de 2014])

Otros documentos de interés

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