«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 20 de octubre de 2014

El silencio sobre el papel de la industria pesada y las forzadas comparativas con la NEP

«Los ideólogos del «socialismo del siglo XXI» no han entendido, o no han querido entender, que sin socialismo en lo económico no hay independencia económica, y que esa independencia se conquista mediante el desarrollo de las fuerzas productivas, que dichas fuerzas productivas en el campo y la cuidad no pueden ser impulsadas a través de las buenas cosechas del campo ni de la producción de bienes de consumo de la industria ligera, sino a partir de la industria pesada, ya que es la industria encargada de «producir más máquinas» –medios de producción– dicho vulgarmente». (Equipo de B. N.; El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)


El silencio sobre el papel de la industria pesada es un rasgo de la economía revisionista del «socialismo del siglo XXI» que merece especial atención. Considerando que a lo largo de la historia los revisionistas siempre han tratado de disipar el papel de la industria pesada, la cual es pilar en la construcción del socialismo, con diferentes objetivos, unas veces rentabilidad en el plano interior, otras las proponían como métodos de sometimiento económico. Históricamente los diferentes revisionismos han salido con diferentes teorías para negar tal axioma, los revisionistas soviéticos, y su cohorte de líderes nacionalistas-jruschovistas en los países revisionistas donde dominaba el revisionismo soviético, apoyaron la teoría de superar los «errores de Stalin» que hacían «demasiado énfasis» en la industria pesada y «descuidaba el crecimiento de la industria ligera y la agricultura», todas las reformas económicas sucesivas que además implementaban la rentabilidad a través de la ley del valor, de una forma u otra iban dirigidas en este sentido, a negar la industria pesada y su rol. Este ajuste de inversión, sería calificado de gran avance en la teoría marxista-leninista de Jruschov durante los sesenta. Por supuesto, aplicar esta teoría tendría diferentes consecuencias para la Unión Soviética, que ya tenía un gran tejido industrial, que para los países en plena industrialización.

Lo importante a resaltar no solo es la influencia del jruschovismo en la negación de la industria pesada, sino que en esta teoría revisionista soviética de ajustar las inversiones a la industria pesada hacia otras ramas, iba a su vez relacionada con la «recomendación» al resto de países con relaciones económicas con la Unión Soviética, a adaptarse a una economía similar que desarrollara más énfasis en la industria ligera y la agricultura, como se estaba haciendo en la propia Unión Soviética revisionista, pero las propuestas de los revisionistas soviéticos no iban sólo en el marco de acoplamiento de esta teoría económica capitalista en los partidos y países comunistas, sino que, conocedores de la no completa industrialización en los países socialistas ahora dominados por jruschovistas, el hecho de copiar tales teorías suponía esquilmar la soberanía de estos países y alimentar una dependencia de estos países para con la Unión Soviética en un marco dónde los revisionistas soviéticos fueran los productores de medios de producción –como realiza la industria pesada– y el resto de países revisionistas dedicándose a una industria ligera y una agricultura ni siquiera diversificada, sino de productos locales, una especialización que a la burguesía imperialista le ha encantado siempre, unos planes neocolonialistas propuestos y aplicados por los revisionistas soviéticos que se harían famosos en la teoría burguesa e imperialista de la «división socialista internacional del trabajo»: El ejemplo más conocido obviamente es la Cuba de Fidel Castro, pero no fue el único país en someterse a esas directrices revisionistas.

Esto escribiría Enver Hoxha sobre los planes imperialistas de la Unión Soviética de Jruschov sobre la pequeña Albania:

«Nikita Jruschov: Así, pues, en lo que atañe a las cuestiones económicas debemos calcular con lápiz tanto nosotros como ustedes y, si en su país existen provechosas fuentes de petróleo, bien, les otorgaremos créditos. Pero aun haciendo las cuentas de esta manera, resulta más ventajoso que les suministremos petróleo del nuestro. En todo hay que ver la rentabilidad –prosiguió Jruschov–. Tomemos la industria. Comparto su opinión de que Albania debe tener propia industria. Pero ¿qué tipo de industria? Estimo que en su país debe desarrollarse la industria alimenticia [industria ligera – Anotación de B. N.], por ejemplo de las conserva, de elaboración de pescado, frutas, leche, aceite, etc. Ustedes quieren desarrollar la industria pesada. Esto hay que verlo bien. (…) Por lo que respecta a la industria de tratamiento de los minerales, a la producción de metales, estas ramas para ustedes no resultan rentables. Nosotros tenemos metales y podemos darles cuanto quieran. Con un día de nuestra producción, podemos satisfacer todas sus necesidades del año. Lo mismo dijo refiriéndose a la agricultura. Su país –prosiguió– debe desarrollar los cultivos que crecen mejor y que son más ventajosos». (Enver Hoxha; Los jruschovistas –memorias–, 1980)

Visto lo ocurrido en otros países que sí se quedaron en la órbita del revisionismo soviético, está claro que de haber rechazado la industrialización socialista en Albania, con la industria pesada como pivote, hubiera supuesto la sumisión económica, política, y cultural bajo la teoría antimarxista de la «división internacional del trabajo socialista»:

«En última instancia, su objetivo es convertir a estos países en provincias de su imperio socialimperialista o en dominios económicos. Para ello utilizan tanto los dictados como la demagogia, viene con lemas tales como la división internacional del trabajo, la especialización, la cooperación y la concentración de la producción, la eficacia y la rentabilidad de la producción a escala internacional». (Kiço Kapetani y Veniamin Toçi; El COMECON revisionista: un instrumento al servicio del socialimperialismo soviético, 1974)

El revisionismo chino de la mano de Mao Zedong, empezaría, como era normal esperar, en los cincuenta, por aceptar esta teoría jruschovista para agradar a Nikita Jruschov, pero el revisionismo chino usaría esta «rectificación en las inversiones» propuesta por los soviéticos en la industria pesada, para acabar vociferando su propia teoría de que en su caso «el campo era la base de la economía» [1], y que las inversiones en industria pesada y ligera iban siempre en segundo orden, comparadas con las del campo, así se reflejó en el «Manual de economía de Shanghái» de 1974: 

«Los autores declaran abiertamente que la agricultura es la base de la economía nacional: «En la organización del desarrollo de la economía nacional, el país socialista debe aplicar conscientemente las leyes objetivas de la agricultura como base de la economía nacional». (Manual de economía de Shanghái, 1974) Esta declaración va mucho más allá de la comprensión sobre la agricultura en un país con una abrumadora mayoría de campesinos, donde la agricultura tiene que jugar un papel muy importante por la razón evidente de que hay una desproporción económica clara al comienzo del desarrollo económico del país. No es eso, estamos tratando aquí con una nueva comprensión de la dirección del desarrollo de la economía de transición en un país relativamente atrasado como China. Cuando los autores apelan al principio de la agricultura como base de la economía nacional, dan a entender que la agricultura debe ser una prioridad en la economía nacional: «Dado que la agricultura es la base de la economía nacional, es necesario tratar el desarrollo de la agricultura como una prioridad de la economía nacional. Sólo cuando la agricultura se desarrolla como la base de la economía nacional puede iluminar la industria, la industria pesada, y otras empresas económicas, culturales y educativas se podrán desarrollar así mismo». (Manual de economía de Shanghái, 1974) En este punto, no hay una aparente lógica, sino que se utiliza profundamente un argumento antimarxista». (Rafael Martínez; Sobre el manual de economía política de Shanghái, 2006)

¡Por supuesto, esto era calificado también de genialidad del revisionista Mao Zedong que enriquecía el marxismo!:

«En su discurso: «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo» pronunciado en 1957, el presidente Mao Zedong afirmó: «La industria pesada es el núcleo de la construcción económica de China. Al mismo tiempo, se debe prestar plena atención al desarrollo de la agricultura y la industria ligera». Más tarde, explicando la teoría que la agricultura es la fundación de la economía nacional, el presidente Mao Zedong lo resumió en estas palabras: «Tomar la agricultura como la base de la economía y la industria como el factor principal». Que constituye el principio general para el desarrollo de la economía nacional. Él indicó que se debe dar el primer lugar al desarrollo de agricultura. Estas instrucciones del presidente Mao son en profundidad dialécticas; ellas revelan las leyes objetivas que gobiernan el crecimiento de economía socialista en China y son un desarrollo de la economía política del marxismo». (Pekín Informa; Vol 15, Nº 34, 25 de agosto de 1972)

domingo, 19 de octubre de 2014

El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués?; Vincent Gouysse, 2007

«Si Mao Zedong se hubiera esforzado por entender a Karl Marx en vez de intentar enriquecer –léase deformar– su doctrina, le hubiera parecido evidente que en cualquier sociedad el poder pertenece a la clase que posee los medios de producción. Entendiendo esto se hubiera evitado formular una teoría utópica y reaccionaria, que coloca en pie de igualdad a explotados y explotadores, clamando lo mucho que estos últimos estaban «oprimidos» por el capital extranjero, para enmascarar el carácter anticolonial nacionalista-burgués de la «nueva democracia».

Tratando con su «nueva democracia» con pura sofistería, Mao Zedong en ningún momento plantea de forma clara y concreta la pregunta de todo marxista de: ¿democracia para qué clase? ¡Desde luego al respecto, cualquier marxista tiene derecho a preguntar precisamente cual será el lugar de la clase obrera y el campesinado en la «nueva democracia» cuando la burguesía nacional sigue manteniendo su poder económico! (…)

Mao Zedong intentó aislar la esfera de la economía de la esfera de la política, lo que es antimarxista. ¿El poder político puede ser compartido en pie de igualdad por «varias clases revolucionarias», si una de estas clases tiene en poder los medios de producción y de reproducción de su existencia cuando estos medios les faltan a las clases que producen la riqueza, la clase obrera y el campesinado trabajador en este caso? Los marxistas sólo pueden responder a esta pregunta negativamente». (Vincent Gouysse; «El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués»; 2007)


Introducción del «Equipo de B. N.»

El siguiente documento es un capítulo del amplio libro del francés Vincent Gouysse: «Imperialismo y antiimperialismo» de 2007. El mismo capítulo hay que entenderlo en el contexto del propio libro, pero aún no habiendo leído los capítulos previos y posteriores, el lector puede entender perfectamente el contenido del mismo. Dentro de la obra de Vincent Gouysse, este capítulo sirve como nexo para explicar en otro después la actual situación del imperialismo chino en el siglo XX, por lo tanto, pese a que el capítulo consta de unas cincuenta páginas aproximadamente, no cubre todo el periodo del revisionismo chino, ni hace demasiado énfasis en ninguna etapa en particular; en sus líneas se intenta refrescar la memoria al lector al respecto de los acontecimientos más reseñables ocurridos en China a principios del siglo XX hasta nuestros días, y entender la posición del revisionismo chino en cada uno de ellos. Esa profundidad en cada tema, es algo que seguramente el lector echará de menos, pero en ese caso, recordamos que existen otras obras del autor que analizan más detenidamente otros puntos muy interesantes como pueden ser la relaciones del revisionismo chino con el revisionismo yugoslavo o el revisionismo soviético. Nos referimos a la obra: «Comprender las divergencias sino-albanesas» de 2004, en el que se cubre un campo mayor en cuanto a la época del revisionismo chino bajo mandato de Mao Zedong.

El autor intenta explicarnos que el llamado «Pensamiento Mao Zedong», «vía china al socialismo», «socialismo de características chinas», no es sino unos eslóganes tras los cuales se esconden un pensamiento teórico y una práctica activa nacionalista-burguesa. Con ello se verá las excesivas similitudes entre las limitaciones del nacionalista Sun Yat-sen con el pseudomarxista y nacionalista Mao Zedong. Se observará que pese al disfraz de marxista, Mao Zedong no deja una y otra vez de mostrar la distorsión que lleva a cabo sobre el concepto de Estado, sobre el concepto marxista de democracia, veremos cómo confunde como parte del pueblo a la burguesía nacional, como recupera la teoría menchevique-trotskista de las fuerzas productivas de los representantes de la II Internacional, y como bajo esta teoría intenta colocar una «muralla china» entre la etapa antifascista, antifeudal, anticolonial y la etapa socialista, pronosticando que la primera etapa «duraría décadas», veremos también como recupera teorías kautskistas y browderistas, a través de las cuales abogará porque en esta «larga primera etapa», llamada de «nueva democracia», China desarrolle la propiedad privada y se alié con la burguesía nacional de modo ad infinitum.

Más tarde se empezarían a oficializar teorías económicas descentralizadoras y negacionistas de la industria pesada, también tesis sobre que el capitalismo de Estado de las empresas mixtas es una propiedad de tipo socialista, y se empezaría a hablar de la posibilidad del «tránsito pacífico» al «socialismo» en alianza con la burguesía nacional, ya que según los revisionistas chinos en su país ésta era una «contradicción no antagónica». El autor usará la experiencia de la revolución albanesa de 1944 y de los marxista-leninistas albaneses para comparar y demostrar que los revisionistas chinos: cuando aludían a las «condiciones específicas» para justificar su política liberal y revisionista, estas no eran unas condiciones específicas locales de mayor dificultad que la de los marxista-leninistas albaneses.
Hay ciertas cuestiones que salen durante el documento y que el autor nos resuelve:

¿Qué relaciones hay entre las teorías de Nikolái Bujarin o Tito criticadas por Iósif Stalin en los años 20 y 40 y las teorías de Mao Zedong sobre la «integración» de la burguesía nacional en el «socialismo»? ¿En qué se diferencian las pseudonacionalizaciones de los chinos que dejaban intacto el poder económico de la burguesía a las nacionalizaciones de los albaneses que eliminaban a la burguesía como clase social? ¿Cuál era la composición social del Partido Comunista de China? ¿Cómo reaccionaron chinos y albaneses ante las críticas a Stalin en el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética? ¿Por qué los revisionistas modernos de otros países como Maurce Thorez o Palmiro Togliatti o los propios revisionistas soviéticos alababan tanto a los revisionistas chinos en 1956? ¿De qué tipo eran el carácter de las contradicciones entre la Unión Soviética capitalista-revisionista y el resto de países revisionistas como China, Rumanía, Corea del Norte, etc., Y si son suficientes para calificar a estos últimos de antiimperialistas? ¿Cómo se concebía la planificación económica en la China revisionista-capitalista y en la Albania socialista y la Unión Soviética socialista? ¿Cómo influiría en China la negación de Mao Zedong del rol de la industria pesada en la construcción del socialismo en la ciudad y el campo, y como influiría la adhesión a este axioma marxista-leninista en Albania con Enver Hoxha al frente? ¿Tenían algún sentido los eslóganes aparentemente marxistas de Mao Zedong durante los años 40 y 5o, los tenían después los de Lin Piao en los 60, o Deng Xiaoping en los 70 sobre la lucha de clases contra la burguesía y el capitalismo? ¿Qué significado tenían para los marxista-leninistas las nuevas teorías de los revisionistas chinos que hablaban de que en su país existía el socialismo pero reconocían en China la existencia de la burguesía nacional como clase social? ¿En cuanto a las diferencias salariales la China revisionista-capitalista estaba más cerca de Albania Socialista o de la Unión Soviética revisionista-capitalista? ¿Cómo influiría la no creación de una industria pesada en China en la apertura a gran escala al capital extranjero a finales de los 70? ¿Había Mao Zedong ideado esta fórmula de industrialización? ¿Acaso alguna vez en China el Partido Comunista de China avanzó más allá de eliminar a la burguesía compradora y a los terratenientes, de la revolución liberal y del régimen burgués? ¿Cómo influiría la entrada de ayuda externa para el desarrollo de la burguesía nacional china; ayudó o entorpeció su crecimiento y ambiciones imperialistas? ¿Cómo influiría el florecer de la burguesía nacional china y sus pretensiones imperialistas en las relaciones con la Albania socialista? ¿Qué significaron los sucesos de 1989 en China desde el punto de vista marxista-leninista?

Todas estas preguntas serán debidamente contestadas en el transcurso de la lectura.

Notas

[1] Lectura Online AQUÍ ó Descarga en PDF AQUÍ.

[2] Todos los documentos en el Blog de Vincent Gouysse AQUÍ.

[3] Todos los documentos en PDF editados por el «Equipo de B. N.» en el apartado BIBLIOTECA.

sábado, 18 de octubre de 2014

El liberalismo, como arma de agresión ideológica del mundo burgués al mundo proletario



«En las actuales condiciones, la esencia de esta agresión ideológica, el objetivo principal del enemigo de clase en sus esfuerzos por degenerar el sistema socialista y la política interior y exterior del partido y de nuestro Estado, consiste en estimular el liberalismo en todos los frentes.

Fue precisamente este camino por el que se alcanzaron en la Unión Soviética y en algunos otros países los resultados contrarrevolucionarios que el imperialismo no había podido lograr ni a través de la intervención armada ni a través de la agresión fascista. Bajo la consigna del liberalismo se denigró la figura de Stalin y su obra y se liquidó la dictadura del proletariado. Bajo esta consigna se abrió el camino a las reformas económicas revisionistas que condujeron a la liquidación de las relaciones socialistas de producción y a su substitución por nuevas relaciones capitalistas. En la vida espiritual, el liberalismo se convirtió en la llave para abrir las puertas a la penetración de la cultura y del modo degenerado de vida de Occidente. Siempre bajo esta consigna se repudió la línea de la lucha resuelta contra el imperialismo, reemplazándola por la política jruschovista de la apertura hacia Occidente y la colaboración general con el imperialismo estadounidense.

El liberalismo puede manifestarse en los más diversos campos y formas. Pero dondequiera y como quiera que se presente, es, en esencia, expresión del oportunismo ideológico y político, renuncia a la lucha consecuente de clase contra el enemigo interior y exterior contra las manchas de la vieja sociedad y las influencias actuales de la ideología extraña al socialismo, es una aceptación de la coexistencia pacífica con la ideología enemiga. Al alentar el liberalismo, los enemigos pretenden que nosotros renunciemos a nuestras posiciones y a nuestra lucha de principios contra el revisionismo moderno, que renunciemos a la lucha resuelta contra el imperialismo y abramos nuestras fronteras a la «libre circulación de las personas, de las ideas y de las culturas». Quieren difundir una concepción liberal y anárquica de la democracia socialista con el fin de disolver la disciplina proletaria en el trabajo y socavar la dictadura del proletariado. Desean que nuestros trabajadores de la cultura y el arte abandonen el partidismo proletario para que se dé vía libre al florecimiento de toda clase de corrientes decadentes burguesas y revisionistas. Pretenden que nuestra gente, la juventud y todos los trabajadores, adopten los comportamientos, los gustos y el modo de vida degenerados del podrido mundo burgués-revisionista». (Enver HoxhaProfundicemos la lucha ideológica contra las manifestaciones extrañas al socialismo y contra las actitudes liberales ante ellas, 1973)

sábado, 11 de octubre de 2014

Los comunistas, pese a ser partidarios de la democracia proletaria, no se quedan quietos mientras se recortan las libertades de la democracia burguesa


«Que los comunistas reconozcan la democracia y actúen en defensa de ella y entonces estaremos dispuestos a participar en el frente único». A éstos les contestamos: nosotros somos partidarios de la democracia soviética, la democracia de los trabajadores, la democracia más consecuente del mundo. Pero defendemos y seguiremos defendiendo en los países capitalistas, palmo a palmo, las libertades democrático-burguesas, contra las cuales atentan el fascismo y la reacción burguesa, pues así lo exigen los intereses de la lucha de clases del proletariado». (Georgi DimitrovLa clase obrera contra el fascismo: Informe al VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto, 1935)

La sumisión a los organismos capitalistas extranjeros; vieja tedencia revisionista recuperada por los «socialistas del siglo XXI»

(Los líderes de los países comunistas europeos en 1988. Desde la izquierda: Gustáv Husák - Checoslovaquia, Todor Zhivkov - Bulgaria, Erich Honecker - RDA, Mijail Gorbachov - URSS, Nicolae Ceaucescu - Rumanía, Wojtiech Jaruzelski - Polonia, y János Kádár - Hungría) 

«[En los países capitalistas-revisionistas] Los préstamos, créditos y todo tipo de contactos con el capital privado extranjero de los países imperialistas, acabaría no sólo en un enredo de deudas económicas, sino que como ya se ha expresado, pérdida de soberanía; por lo tanto la subyugación económica a los imperialismos y sus organizaciones, se traducía siempre en los regímenes pseudosocialistas, en una subyugación política, es decir, en hacer reformas a gusto del acreedor de la «ayuda» económica. Y cuando al igual que cualquier otro país capitalista occidental, los países revisionistas-capitalistas se introdujeron en el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, etc., el seguidismo en las reformas fue bestial:

«La participación en el Fondo Monetario Internacional en algunos países de Europa del Este, como Yugoslavia, que ha sido miembro desde su fundación, Rumanía, que lo es desde principios de los años setenta, Hungría desde 1982 y Polonia desde 1985, y la necesidad de nuevos préstamos para cubrir los antiguos, fue aprovechada por esta organización para lograr sus intereses. En primer lugar, le pidió a estos países a que tomaran nota de la situación actual de la economía y definieran el camino a seguir para transformarlo, hacerle modificaciones estructurales, limitaciones de las importaciones e inversiones, etc. Es en este contexto que encaja las medidas adoptadas en estos países para elevar los precios de los bienes de consumo y devaluar su moneda frente al dólar. En los años 1981, 1983 y 1984, Rumanía ha devaluado tres veces el leu y el dólar subió 4,5 a 21,5 frente al leu. Polonia, con su entrada en el FMI, operaba con una devaluación del zloty en un 30 por ciento, mientras que Hungría ha pasado el dólar 41,3 a 51 fiorint. De modo general, la política del FMI con respecto a los países que piden préstamos, independientemente de los matices y los rasgos específicos que revistan según los diferentes Estados y los grupos de Estados, parece estar destinado a aumentar la explotación y la expoliación de las amplias masas trabajadoras y acentuar todavía la dependencia de su economía hacia sus exportaciones en las metrópolis. Además, el FMI pregunta y pide informes detallados sobre la situación de la economía de los países prestatarios, sobre sus perspectivas de desarrollo, sobre la política económica que aplicarían según las medidas propuestas por él, y se le ha sido reconocido también el derecho a proceder periódicamente a la comprobación de la aplicación de esta política. Su no aplicación puede conducir hasta el cese de los créditos». (Lulzim Hana; La deuda externa y los créditos imperialistas, poderosos eslabones de la cadena neocolonialista que esclaviza a los pueblos, 1988)

Hay que buscar en este tipo de análisis científicos, las causas de la caída de los regímenes revisionistas-capitalistas. En los países de la «izquierda latinoamericana» o los autodenominados como países del «socialismo del siglo XXI», siguen la misma estela, también confían en los organismos del neoliberalismo global como el Fondo Monetario Internacional para «evaluar la viabilidad de su economía» y de sus «ayudas» para «desarrollar su economía», y se basan en su aprobación para sacar pecho ante su militancia, es el caso de Argentina, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, etc.; e incluso han llegado a modificar sus marcos constitucionales y soberanos para facilitar la llegada del capital extranjero. Sólo un ejemplo, para que se demuestre, que estos revisionistas no han aprendido de las experiencias y bochornoso final de sus predecesores:

«El gobierno nicaragüense, pese a las buenas calificaciones obtenidas, considera necesario continuar con el acompañamiento del FMI, como asesor de confianza, porque en ese sentido, la entidad mundial podrá ofrecer al país sus opiniones y recomendaciones sobre la implementación del programa económico y financiero nacional». (Voz del Sandinismo; Otorgó Fondo Monetario Internacional buenas notas a macroeconomía nicaragüense, 26 de septiembre de 2013)». (Equipo de Bitácora de un Nicaragüense; El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013 [reedición de 2014])

Otros documentos de interés

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