«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 31 de octubre de 2014

Los revisionistas franceses, italianos y soviéticos adorando la «vía específica» de Mao Zedong de los 50

Chou En-lai y Mao Zedong durante 1956

«El VIIIº Congreso del Partido Comunista Italiano de diciembre de 1956, cuando los revisionistas chinos y soviéticos todavía mantenían luna de miel, Palmiro Togliatti acertadamente destacó que el nuevo curso oficialmente proclamado por Nikita Jruschov en el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de abril de 1956 estaba:

«Precedido por tres grandes correcciones que constituían un punto de inflexión». (Partido Suizo del Trabajo; Revista «Socialismo», nº139, diciembre de 1956 - enero de 1957)

Tanto en el interior del país:

«Donde los problemas de desarrollo industrial, agricultura y la dirección del partido se había instalado un nuevo camino». (Partido Suizo del Trabajo; Revista «Socialismo», nº139, diciembre de 1956 - enero de 1957)

Como en el plano exterior. Palmiro Togliatti añadiría sobre estas «importantes correcciones» que:

«En China el partido comunista no podía sorprenderse [se refiere a las tesis del XXº Congreso del PCUS de 1956 -Anotación de B. N.], porque él siempre había tenido su propia conducta original, adaptada a las condiciones de este gran país donde se realiza la construcción de la sociedad socialista bajo nuevas formas y en la misma vida del partido existen características especiales que vienen desde la larga y heroica lucha que ampliamente estrechó a todas las capas de la población trabajadora y que hace de los comunistas chinos la expresión más alta de conciencia nacional y social de todo el pueblo de China. Pero hubo sorpresa sin duda, al menos entre ciertos países de las democracias populares y fue probablemente profunda». (Partido Suizo del Trabajo; Revista «Socialismo», nº139, diciembre de 1956 - enero de 1957)

¡Tantos elogios enviados a Mao Zedong por un revisionista tan consecuente y honesto como Palmiro Togliatti deberían hacer reflexionar en profundidad a los partidarios actuales de los revisionistas chinos! ¿Si los elogios que le enviaba Palmiro Togliatti a Tito, no podían ser más que de un líder revisionista a otro, que era entonces Mao Zedong? ¿Quién más que Mao Zedong tenía tal unanimidad entre los revisionistas en 1956?

En el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, en marzo de 1956, Dmitri Shepílov no sólo alabo:

«La gran importancia teórica y práctica de las tesis contenidas en el informe del camarada Nikita Jruschov». (Dmitri Shepílov; Discurso en el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética; XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética: Recopilación de documentos, marzo de 1956)

Sino que se citaba a la China maoísta como:

«Ejemplo perfecto de la transición pacífica al socialismo». (Dmitri Shepílov; Discurso en el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética; XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética: Recopilación de documentos, marzo de 1956)

Y según él, el final de los «dogmáticos», y no sin antes aparentar como un «leninista creativo» diría que:

«En China, el progreso de la revolución socialista tiene un carácter más original aún. Después de la introducción revolucionaria del poder popular, el Partido Comunista de China, procediendo en una aplicación fructífera del marxismo-leninismo, ha llegado a la conclusión de que, en las condiciones de China «a través de los medios pacíficos, es decir, los métodos de persuasión, educación», indicados por el camarada Mao Zedong, «uno no sólo puede remplazar la propiedad individual en propiedad socialista, colectiva [se refiere a las cooperativas - Anotación de B. N.], sino remplazar la propiedad capitalista por la propiedad socialista». Después de haber aislado a la burguesía compradora, que es el enemigo jurado del pueblo, fuera de peligro, el Estado chino realiza paso a paso la transformación en diferentes formas de la propiedad privada en propiedad socialista». (Dmitri Shepílov; Discurso en el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética; XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética: Recopilación de documentos, marzo de 1956) [1]

Estas posiciones antimaterialistas de los revisionistas soviéticos sobre China ya se encontraban en la edición de 1955 del «Manual de economía política», que acompañaban a otras evaluaciones antimarxistas sobre Yugoslavia. Según el manual:

«[En Yugoslavia] El poder pertenece a la clase obrera y al campesinado, y la desigualdad nacional ha sido suprimida. En Yugoslavia la propiedad  social de los medios de producción es dominante». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Manual de economía política, 1955)

¡Y ojo, además!:

«A pesar de las intrigas de las fuerzas imperialistas, Yugoslavia mantuvo su independencia nacional y se resistió a los intentos de los capitales extranjeros de penetrar en la economía». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Manual de economía política, 1955)

En cuanto a China, el manual soviético reconocía que:

«La nacionalización socialista llevada a cabo en China por el poder de la democracia popular tiene la distinción de no haber tocado la propiedad de la burguesía nacional, que en su mayoría es una burguesía media». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Manual de economía política, 1955)

En consecuencia, se decía, en la industria china donde la forma de propiedad del «capitalismo de Estado» domina y es considerada como «una forma de economía socialista» donde:

«La explotación del trabajo es limitado». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Manual de economía política, 1955)

Porque:

«Los capitalistas no reciben parte de los beneficios». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Manual de economía política, 1955)

Estas posiciones sobre China y Yugoslavia eran totalmente incompatibles con las sostenidas por Iósif Stalin y entraban perfectamente dentro del triunfo de la desviación nacionalista en la Unión Soviética que ilustraba de manera clara la suscripción al nuevo curso de  la «división «socialista» internacional del trabajo».
Un revisionista como Maurice Thorez, obviamente no podía pasar sin citar las lecciones –socialdemócratas– del maoísmo: en un artículo para el diario del Partido Comunista Francés «L'Humanité» del 27 de marzo de 1956 alabando las tesis revisionistas de la vía específica al socialismo «teniendo en cuenta las particularidades concretas de cada país», Thorez puso en primer plano la experiencia de los revisionistas chinos que:

«Aún más que las democracias populares de Europa había engendrado muchos nuevos aspectos en la transformación social». (Maurice Thorez; L'Humanité: Obras escogidas en 3 volúmenes, tomo III 1950-1964, 27 de marzo de 1956)
¡Como puede verse un amplio frente inter-revisionista apoyó la vía «específica» de los revisionistas chinos en los años 1953-1956!». (Vincent Gouysse; El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués; 2007)

Anotaciones de Bitácora de un Nicaragüense:

[1] Cuando el revisionista soviético Dmitri Shepílov alude a la aplicación china del tránsito «pacífico» al «socialismo», se refiere a las teorías que Mao Zedong a la muerte de Iósif Stalin, se atrevería a proclamar abiertamente en su programa del tránsito «pacífico», «no antagónico» y «reeducacional» con la burguesía nacional:

«Nuestro método para llevar a cabo la revolución socialista es el método pacífico. En el pasado, mucha gente, tanto dentro como fuera del partido comunista, expresaban dudas acerca de este método. (...) Dadas las condiciones que prevalecen en nuestro país, es posible usar métodos pacíficos –estos son, el método de persuasión y educación– no sólo en lograr la transformación del sistema de propiedad individual en propiedad colectiva socialista, sino también en lograr la transformación del sistema capitalista al sistema socialista». (Mao Zedong; Discurso en la Conferencia Suprema de Estado (Extractos), 25 de enero, 1956)

Hoy día, este tipo de citas bujarinistas-titoistas de Mao Zedong han sido ocultadas a propósito por los seguidores y fanáticos del revisionismo chino, ya que darse a conocer estas citas, se acabaría rápido con el mito del «Gran Presidente» Mao Zedong». (Vincent Gouysse; El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués; 2007)

martes, 28 de octubre de 2014

El puño de los comunistas marxista-leninistas debe también golpear enérgicamente el aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno; Enver Hoxha, 1968

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

La publicación de la siguiente obra de Enver Hoxha, corresponde a la imperiosa necesidad de estudiar en profundidad una figura que ha sido altamente manipulada por diversas tendencias antimarxistas para sus propios fines, que además ha sufrido una disociación entre el sujeto real y el mito creado a instancia de la propaganda: estamos hablando de Ernesto «Che» Guevara. En este punto es preciso comprender que el apoyo a las luchas soberanas y antiimperialistas de un país, no suponen que habremos de renunciar a la correcta crítica.

No cabe ninguna duda de que tras la muerte de Guevara muchas corrientes han intentado adueñarse de su figura y su obra, o bien distorsionar su obra teórica y práctica para satisfacer según qué intereses: en ese sentido, han sido los seguidores del revisionismo cubano, pese a negar gran parte de su obra –sobre todo en el campo económico–, los primeros en adueñarse de su planteamientos para justificar el apoyo a las guerrillas foquistas y sus métodos mesiánicos. También habremos de comprender por qué los diversos revisionismos de su época, como el de los países del bloque revisionista soviético, pese a las críticas de Guevara a su economía pro titoista, se contentaran por aquel entonces con que Guevara les considerara –erróneamente– países socialistas, para dar publicidad a sus regímenes con la opinión de la figura de moda de entonces. Lo mismo sucede con el revisionismo coreano, chino y yugoslavo, que se han valido de las buenas palabras de Guevara en sus visitas a estos países –lo que implica poca visión marxista-leninista de esta figura para desbrozar su revisionismo– para justificar sus viejos y actuales regímenes.

Tampoco podemos pasar por alto que el trotskismo ha aprovechado la heterodoxia de Guevara –quizá el término que mejor le define dado sus planteamientos– respecto a cualquier tendencia política de entonces; ¡han aprovechado el hecho de que Guevara no seguía los mismos patrones en todos los campos para presentarle como un neo-trotskista!, y eso pese a que su teoría económica por ejemplo se distancia enormemente de Trotski y además de que condenara en varias ocasiones al trotskismo. En cuanto a los socialdemócratas, estos lo han presentado como un «viejo stalinista», pese a que evidentemente hay enormes contradicciones entre sus planteamientos y los del marxismo-leninismo en materias como el partido marxista-leninista, la forma de tratar el realismo socialista, la toma de poder, etc.

Esa heterodoxia inherente en el pensamiento de Guevara es lo que ha posibilitado que se produzca la diversidad de influencia del guevarismo, la misma que ha sido acogida desde los movimientos de resistencia palestina, hasta los movimientos de mayo del 68, movimientos que lo han impulsado como héroe y figura, convirtiéndolo en el mito del «tercermundismo» por excelencia.

Es nuestro deber pues –como marxistas-leninistas–, realizar un análisis que demuestre el porqué Ernesto «Che» Guevara no era un verdadero marxista-leninista. Sabemos que estas nuestras reflexione causarán una conmoción entre no pocos de nuestros lectores, debido en lo fundamental a que hay un fuerte y pronunciado sentimentalismo respecto al proceso cubano en general, y a Ernesto Guevara en particular, y que por lo demás goza de una amplia influencia entre los movimientos de liberación nacional y entre las masas, especialmente en los países del capitalismo periférico. Pero como es evidente, es nuestro deber acabar con la heterodoxia en el pensamiento materialista-dialéctico para debidamente separar el marxismo-leninismo de las tendencias jruschovistas, luxemburgistas, anarquistas, maoístas, y hasta idealistas que Guevara recupera en gran parte de su obra.

En el sentido del Estudio que aquí pretendemos e iniciamos con este primer documento, recomendamos al lector que antes de informarse sobre la obra de Ernesto «Che» Guevara –como con otros autores–, y siempre que sea posible, acuda a la fuente directa, al autor, no a terceros, sino se procede de esa forma se llegará a conclusiones erróneas, que en el caso del argentino-cubano, desafortunadamente, es lo más común. Esta recomendación parte del hecho de que se multiplican los autores que escriben interpretaciones de su obra en donde dejan plasmado además sus intereses particulares y de clases, con el objeto de encasillar a Guevara en la tendencia política que ellos profesan.

Debido a que este documento, como podrá verse, es una rápida entrevista de Enver Hoxha con unos camaradas latinoamericanos, no hay una crítica en profundidad, de hecho el documento basa su crítica a Guevara en la teoría foquista, es decir, en la estrategia para la toma de poder y su mala influencia a finales de los 60 en todo el planeta. Debido a ello hemos agregado algunas anotaciones para así facilitar la comprensión del documento, así mismo nos hemos permitido aclarar otros conceptos de Guevara como el de partido o el económico para completar algo más la crítica al revisionismo cubano en general. El texto en sí, es decir la conversación de Enver Hoxha con los camaradas latinoamericanos; y dejando un lado la crítica a la figura de Guevara, contiene además unas reflexiones y recomendaciones sobre diversos aspectos a los que tiene que enfrentarse cada partido marxista-leninista, explicaciones y consejos del albanés nada despreciables.

Este documento debe de considerarse el inicio del estudio del proceso cubano por parte del «Equipo de B. N.» que iremos completando con más documentos. Permítasenos expresar que no están en duda los logros conseguidos en la isla en materia social –especialmente en salud y educación–, pero los mismos, como pretendemos demostrar, no son suficientes como para considerar que en Cuba se ha desarrollado socialismo o que se haya pretendido hacerlo en el pasado o se pretenda hacerlo en el futuro; de ahí que hagamos una pregunta inicial para aquellos que así lo consideren: ¿Si Cuba es socialista por su desarrollo en materia social entonces habremos de considerar a los países escandinavos socialistas precisamente por su desarrollo, incluso superior al de Cuba, en la misma materia?

El documento:


El puño de los comunistas marxista-leninistas debe también golpear enérgicamente al aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno

Nos alegra mucho entrevistarnos con ustedes, camaradas del Ecuador. Naturalmente nuestro deseo es que conversemos más a menudo y de forma más amplia, porque la lucha que desarrollan el Partido Comunista (marxista-leninista) del Ecuador y todos los demás partidos marxista-leninistas de América Latina, reviste una gran importancia para la revolución. Consideramos su lucha como una gran ayuda a la revolución mundial y a nuestro partido, que, siempre necesita aprender y aprovechar la experiencia de los partidos hermanos.

El marxismo-leninismo, nuestra doctrina universal, aplicada a las condiciones concretas de cada país, se enriquece con la nueva experiencia de todos los partidos revolucionarios. La experiencia de cada partido marxista-leninista obtenida en el curso de su trabajo y en la lucha contra los enemigos comunes –el imperialismo y el revisionismo–, constituye al mismo tiempo una ayuda para los demás partidos. Sin esta experiencia, avanzaríamos renqueando.

Ustedes, camaradas, con su lucha y su trabajo revolucionario en el continente de América Latina, que tiene una población inmensa y una gente maravillosa y de corazón ardiente, están incesantemente, en el verdadero significado de la palabra, en insurrección, en revolución. A la cabeza de los pueblos de este continente, existen en la actualidad partidos marxista-leninistas hermanos. La comprensión realista marxista-leninista de la situación en su continente entusiasma e inspira infinitamente a los verdaderos partidos marxista-leninistas de Europa, Asia o África y nos ayuda a todos para llevar hasta las últimas consecuencias las acciones revolucionarias a escala nacional, continental o internacional contra nuestros enemigos comunes: los imperialistas, con los estadounidenses a la cabeza, los revisionistas modernos acaudillados por los soviéticos y los reaccionarios de todo color.

El Partido del Trabajo de Albania, los comunistas albaneses, consideran sumamente necesarios los contactos con todos los partidos hermanos para intercambiar experiencias, debido a que una colaboración estrecha nos ayuda mutuamente. Independientemente de que estemos muy lejos unos de otros geográficamente, con la mente y el corazón estamos muy cerca, y hoy el factor «distancia» no constituye una dificultad insalvable.

Como habrán podido ver durante las visitas por nuestro país, después del triunfo de la revolución se han operado muchas transformaciones. Esto se debe a la justa línea marxista-leninista del partido y al espíritu revolucionario de nuestro pueblo. Para que tengan una visión más clara de la Albania de antaño, en tanto que marxista-leninistas, deben compararla con una de las regiones más abandonadas, más atrasadas y más oprimidas del Ecuador de hoy. Antes de la liberación el pueblo albanés sufrió lo indecible, al igual que ocurre hoy en su país, bajo la feroz opresión feudal. Aquí no había escuelas, el pueblo padecía hambre, carecía de ropa y de todo lo necesario para subsistir. En el pasado, la mayor parte de los campos que han visto, estaban anegados por pantanos y ciénagas. El paludismo, la tuberculosis y otras enfermedades hacían estragos entre la población, particularmente entre los niños. Pero, gracias a la revolución popular dirigida por nuestro partido, se realizaron transformaciones tan profundas y rápidas que, sin jactancia, podemos considerarlas colosales para la realidad albanesa.

Pero, como marxistas, considerando con realismo nuestra situación, somos plenamente conscientes de que, junto a los grandísimos éxitos que hemos obtenido, tenemos también deficiencias y nos queda aun muchísimo por hacer, en primer lugar para elevar el nivel de las masas trabajadoras, en especial política e ideológicamente pero también económicamente; debemos continuar trabajando para consolidar militarmente el país y elevar cada vez más el nivel educativo y cultural del pueblo, pero siempre y únicamente en la vía revolucionaria marxista-leninista.

Nuestro partido trabaja en este sentido. Podemos afirmar que ya hemos creado una base más sólida, más poderosa, pero lo principal es que todo lo hemos logrado y creado a través de una lucha continua contra las dificultades de desarrollo, cercados por enemigos brutales y en condiciones tales que en todo momento estaban en peligro la independencia, la libertad, la soberanía de la patria y el socialismo. Todo esto lo hemos creado en la lucha por la defensa y el fortalecimiento de la unidad marxista-leninista del partido y del pueblo, de esta unidad que es particularmente el blanco de los ataques de los enemigos. Hemos trabajado por templar siempre esta unidad, ya que nuestra fuerza reside en el temple cada vez mayor de la unidad partido-pueblo.

domingo, 26 de octubre de 2014

La particularidad nacional y su distorsión para amoldar la política oportunista

«Las particularidades de cada país no entrañan un camino diferente en lo que se refiere a llevar a cabo los principios básicos del marxismo-leninismo para ir al socialismo; la instauración de la dictadura del proletariado, la expropiación de los medios de producción a las clases explotadoras, la industrialización socialista, el inicio de colectivización de la agricultura seguido de un paso progresivo a las granjas estatales, el derrumbamiento de la mentalidad y costumbres anteriores por una mentalidad y cultura socialista, la centralización y elaboración de un plan único nacional, dar una incidencia real a las masas en los asuntos del trabajo, Estado, y partido, la aplicación absoluta de la lucha de clases en el periodo que media hasta el comunismo, etc. (...) Llegados a este punto, es válido afirmar que la particularidad nacional, referida por el materialismo dialéctico e histórico, en el momento histórico concreto se refiere al nivel de desarrollo en que se encuentran las fuerzas productivas en un país concreto; o lo que es lo mismo, no tiene las mismas tareas de construcción un país con una economía precapitalista semifeudal en la que se ha de dirigir un proceso de industrialización para crear las bases del socialismo, que un país industrializado que ya cuenta con esa base industrial como es obvio». (Equipo de B. N.; El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)


El neorevisionismo postmoderno suele aludir a que la sociedad en general ha cambiado, y no es la misma que la de tiempos de Marx, Engels, Lenin y Stalin; aunque también son omnipresentes las «excusas nacionales» que justifican un camino oportunista escudándose en las particularidades del país en cuestión: como hemos visto con una anterior cita de Hugo Chávez, escudándose en la particularidad de la época y la particularidad nacional niegan la dictadura del proletariado. Rafael Correa, líder del partido Alianza PAIS, y de la llamada «revolución ciudadana en Ecuador», apoyándose en las tesis del «socialismo del siglo XXI», tachan a la dictadura del proletariado como «dogma fosilizado», para ellos claro:

«El socialismo del siglo XXI está, por lo tanto, en permanente evolución ante las realidades de cada país. No se busca implantar recetas inmutables. Al contrario, el socialismo del siglo XXI debe acondicionarse a las características y necesidades de cada país y cada pueblo. Esto permite la existencia de un socialismo ecuatoriano, uruguayo, venezolano, boliviano o argentino, con sus diferencias y con sus similitudes. (...) ¿En qué se diferencia entonces el socialismo del siglo XXI de los socialismos anteriores? En primer lugar, en el siglo XXI ya no se pueden sostener visiones revolucionarias basadas en el cambio violento, o en nociones arcaicas como la «dictadura del proletariado». (Rafael Correa; La crisis económica y el cambio progresista en América Latina, 1 de marzo del 2010)

La dictadura del proletariado, no era ni es una «noción arcaica» que forme parte del pasado. La aparición de la filosofía marxista –Materialismo histórico o dialéctico– dotó a la clase obrera de uno de los conceptos más importantes para lograr la transformación social; el paso del capitalismo al socialismo como primera etapa del comunismo:

«La teoría de la dictadura del proletariado es la parte fundamental y central de la ciencia del marxismo-leninismo. Marx y Engels crearon la teoría de la dictadura del proletariado, establecieron teóricamente la necesidad de romper la máquina del Estado burgués y demostraron que, como resultado de la revolución proletaria, el contenido propio de la época de transición del capitalismo al comunismo sólo puede ser la dictadura del proletariado». (Hilary Minc; Las democracias populares de Europa del Este, 1950)

Es precisamente este descubrimiento –reclamado por los propios creadores del socialismo científico como genuino elemento del marxismo– un concepto fundamental a entender y poner en práctica para que la clase obrera pueda transitar a la sociedad sin clases explotadoras del socialismo, y de este a la sociedad sin clases del comunismo:

«Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1. que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2. que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3. que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases». (Karl Marx; Carta a Joseph Weydemeyer, 1852)

Y según los marxista-leninistas, la dictadura del proletariado siempre ha sido y será la piedra de toque que diferencia a revolucionarios de los reformistas:

«Quien reconoce solamente la lucha de clases no es aún marxista, puede mantenerse todavía dentro del marco del pensamiento burgués y de la política burguesa. Circunscribir el marxismo a la doctrina de la lucha de clases es limitar el marxismo, bastardearlo, reducirlo a algo que la burguesía puede aceptar. Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En esto es en lo que estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño –o un gran– burgués adocenado. En esta piedra de toque es en la que hay que contrastar la comprensión y el reconocimiento real del marxismo. Y no tiene nada de sorprendente que cuando la historia de Europa ha colocado prácticamente a la clase obrera ante esta cuestión, no sólo todos los oportunistas y reformistas, sino también todos los «kautskianos» –gentes que vacilan entre el reformismo y el marxismo– hayan resultado ser miserables filisteos y demócratas pequeñoburgueses, que niegan la dictadura del proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

Las distorsiones sobre la particularidad de la época actual y de las particularidades nacionales, no quedan sólo en la cuestión de la dictadura del proletariado, como iremos viendo de ahora en adelante.

No podemos pasar por este tema sin comentar el especial daño que hicieron al marxismo-leninismo en el pasado las desviaciones derechistas y nacionalistas que tomaban la bandera de la particularidad nacional para traicionarlo. Muchos de los partidos comunistas no llegaron a llevar a cabo una bolchevización completa, sus miembros aún no se habían desprendido de muchos conceptos premarxistas, reformistas, anarquistas, luxemburgistas, trotskistas y demás, sufriendo la desgracia de aplicar dichas desviaciones –ya sea consciente o inconscientemente–, y muchas veces proclamaron ridículamente que dicho experimento antimarxista era una superación o cenit del marxismo-leninismo.

Repaso histórico a las tesis negacionistas de la industria pesada



«
El silencio sobre el papel de la industria pesada es un rasgo de la economía revisionista del «socialismo del siglo XXI» que merece especial atención. Considerando que a lo largo de la historia los revisionistas siempre han tratado de disipar el papel de la industria pesada, la cual es pilar en la construcción del socialismo, con diferentes objetivos, unas veces rentabilidad en el plano interior, otras las proponían como métodos de sometimiento económico. Históricamente los diferentes revisionismos han salido con diferentes teorías para negar tal axioma, los revisionistas soviéticos, y su cohorte de líderes nacionalistas-jruschovistas en los países revisionistas donde dominaba el revisionismo soviético, apoyaron la teoría de superar los «errores de Stalin» que hacían «demasiado énfasis» en la industria pesada y «descuidaba el crecimiento de la industria ligera y la agricultura», todas las reformas económicas sucesivas que además implementaban la rentabilidad a través de la ley del valor, de una forma u otra iban dirigidas en este sentido, a negar la industria pesada y su rol. Este ajuste de inversión, sería calificado de gran avance en la teoría marxista-leninista de Jruschov durante los sesenta. Por supuesto, aplicar esta teoría tendría diferentes consecuencias para la Unión Soviética que ya tenía un gran tejido industrial, que para los países en plena industrialización.

Lo importante a resaltar no solo es la influencia del jruschovismo en la negación de la industria pesada, sino que en esta teoría revisionista soviética de ajustar las inversiones a la industria pesada hacia otras ramas, iba a su vez relacionada con la «recomendación» al resto de países con relaciones económicas con la Unión Soviética, a adaptarse a una economía similar que desarrollara más énfasis en la industria ligera y la agricultura, como se estaba haciendo en la propia Unión Soviética revisionista, pero las propuestas de los revisionistas soviéticos no iban sólo en el marco de acoplamiento de esta teoría económica capitalista en los partidos y países comunistas, sino que, conocedores de la no completa industrialización en los países socialistas ahora dominados por jruschovistas, el hecho de copiar tales teorías suponía esquilmar la soberanía de estos países y alimentar una dependencia de estos países para con la Unión Soviética en un marco dónde los revisionistas soviéticos fueran los productores de medios de producción –como realiza la industria pesada– y el resto de países revisionistas dedicándose a una industria ligera y una agricultura ni siquiera diversificada, sino de productos locales, una especialización que a la burguesía imperialista le ha encantado siempre, unos planes neocolonialistas propuestos y aplicados por los revisionistas soviéticos que se harían famosos en la teoría burguesa e imperialista de la «división socialista internacional del trabajo»: el ejemplo más conocido obviamente es la Cuba de Fidel Castro, pero no fue el único país en someterse a esas directrices revisionistas.

Esto escribiría Enver Hoxha sobre los planes imperialistas de la Unión Soviética de Jruschov sobre la pequeña Albania:

«Nikita Jruschov: Así, pues, en lo que atañe a las cuestiones económicas debemos calcular con lápiz tanto nosotros como ustedes y, si en su país existen provechosas fuentes de petróleo, bien, les otorgaremos créditos. Pero aun haciendo las cuentas de esta manera, resulta más ventajoso que les suministremos petróleo del nuestro. En todo hay que ver la rentabilidad –prosiguió Jruschov–. Tomemos la industria. Comparto su opinión de que Albania debe tener propia industria. Pero ¿qué tipo de industria? Estimo que en su país debe desarrollarse la industria alimenticia [industria ligera – Anotación de B. N.], por ejemplo de las conversa, de elaboración de pescado, frutas, leche, aceite, etc. Ustedes quieren desarrollar la industria pesada. Esto hay que verlo bien. (…) Por lo que respecta a la industria de tratamiento de los minerales, a la producción de metales, estas ramas para ustedes no resultan rentables. Nosotros tenemos metales y podemos darles cuanto quieran. Con un día de nuestra producción, podemos satisfacer todas sus necesidades del año. Lo mismo dijo refiriéndose a la agricultura. Su país –prosiguió– debe desarrollar los cultivos que crecen mejor y que son más ventajosos». (Enver Hoxha; Los jruschovistas –memorias–, 1980)

Visto lo ocurrido en otros países que sí se quedaron en la órbita del revisionismo soviético, está claro que de haber rechazado la industrialización socialista en Albania, con la industria pesada como pivote, hubiera supuesto la sumisión económica, política, y cultural bajo la teoría antimarxista de la «división internacional del trabajo socialista»:

«En última instancia, su objetivo es convertir a estos países en provincias de su imperio socialimperialista o en dominios económicos. Para ello utilizan tanto los dictados como la demagogia, viene con lemas tales como la división internacional del trabajo, la especialización, la cooperación y la concentración de la producción, la eficacia y la rentabilidad de la producción a escala internacional». (Kiço Kapetani y Veniamin Toçi; El COMECON revisionista: un instrumento al servicio del socialimperialismo soviético, 1974)

El revisionismo chino de la mano de Mao Zedong, empezaría, como era normal esperar, en los cincuenta, por aceptar esta teoría jruschovista para agradar a Nikita Jruschov, pero el revisionismo chino usaría esta «rectificación en las inversiones» propuesta por los soviéticos en la industria pesada, para acabar vociferando su propia teoría de que en su caso «el campo era la base de la economía» [1], y que las inversiones de industria pesada y ligera iban siempre en segundo orden, comparadas con las del campo, así se reflejó en el «Manual de economía de Shanghái» de 1974:

«Los autores declaran abiertamente que la agricultura es la base de la economía nacional: «En la organización del desarrollo de la economía nacional, el país socialista debe aplicar conscientemente las leyes objetivas de la agricultura como base de la economía nacional». (Manual de economía de Shanghái, 1974) Esta declaración va mucho más allá de la comprensión sobre la agricultura en un país con una abrumadora mayoría de campesinos, donde la agricultura tiene que jugar un papel muy importante por la razón evidente de que hay una desproporción económica clara al comienzo del desarrollo económico del país. No es eso, estamos tratando aquí con una nueva comprensión de la dirección del desarrollo de la economía de transición en un país relativamente atrasado como China. Cuando los autores apelan al principio de la agricultura como base de la economía nacional, dan a entender que la agricultura debe ser una prioridad en la economía nacional: «Dado que la agricultura es la base de la economía nacional, es necesario tratar el desarrollo de la agricultura como una prioridad de la economía nacional. Sólo cuando la agricultura se desarrolla como la base de la economía nacional puede iluminar la industria, la industria pesada, y otras empresas económicas, culturales y educativas se podrán desarrollar así mismo». (Manual de economía de Shanghái, 1974) En este punto, no hay una aparente lógica, sino que se utiliza profundamente un argumento antimarxista». (Rafael Martínez; Sobre el manual de economía política de Shanghái, 2006)

¡Por supuesto, esto era calificado también de genialidad del revisionista Mao Zedong que enriquecía el marxismo!:

«En su discurso: «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo» pronunciado en 1957, el presidente Mao Zedong afirmó: «La industria pesada es el núcleo de la construcción económica de China. Al mismo tiempo, se debe prestar plena atención al desarrollo de la agricultura y la industria ligera». Más tarde, explicando la teoría que la agricultura es la fundación de la economía nacional, el presidente Mao Zedong lo resumió en estas palabras: «Tomar la agricultura como la base de la economía y la industria como el factor principal». Que constituye el principio general para el desarrollo de la economía nacional. Él indicó que se debe dar el primer lugar al desarrollo de agricultura. Estas instrucciones del presidente Mao son en profundidad dialécticas; ellas revelan las leyes objetivas que gobiernan el crecimiento de economía socialista en China y son un desarrollo de la economía política del marxismo». (Pekín Informa; Vol 15, Nº 34, 25 de agosto de 1972)

Sobra añadir que eso de que «sólo cuando la agricultura se desarrolla como la base de la economía nacional puede iluminar la industria, la industria pesada, y otras empresas económicas, culturales y educativas se podrán desarrollar así mismo», algo sostenido teóricamente por el «Pensamiento Mao Zedong», es una «perita en dulce» para la actual dirigencia de China, a la hora de imponer, como hicieron en su día los revisionistas soviéticos, su teoría económica imperialista a otros países y limitarles su desarrollo. Como siempre Mao Zedong legó una gran teoría nacionalista-burguesa para los intereses de sus sucesores.

Como vemos las teorías y excusas para negar el papel de la industria pesada son muy variadas y peculiares». (Equipo de Bitácora de un NicaragüenseEl revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013 [reedición de 2014]) 

viernes, 24 de octubre de 2014

La vejez de las teorías de unidad y paz entre clases antagónicas del «socialismo del siglo XXI»


«Se acude a la unidad como la quinta esencia del proceso, citemos un ejemplo de este esperpento del que hablamos:

«La victoria de Chávez, que es la de la mayoría, nuestra victoria le conviene a los dueños de las grandes empresas privadas, a la gran burguesía». (...) La clase media alta debería votar por Chávez porque somos garantía de tranquilidad familiar». (Hugo Chávez; Declaraciones, 7 de octubre del 2012)

Este supuesto «descubrimiento» se llega a declarar como una superación del marxismo-leninismo, y se niega las experiencias históricas del socialismo científico:

«El socialismo bolivariano nosotros tenemos que construirlo en el marco de la constitución bolivariana, nosotros no tenemos previsto la eliminación de la propiedad privada, ni la grande ni la pequeña. (...) El socialismo del siglo XXI es la democracia, nosotros no estamos hablando de la dictadura del proletariado, eso fue hace 100 años y miren en lo que terminó la Unión Soviética, ahí no hubo socialismo ni hubo nada». (Hugo Chávez; Entrevista realizada al candidato Hugo Chávez por los periodistas Vanessa Davies, Vanessa Sánchez y Ernesto Villegas, 4 de octubre del 2012)

Sólo un iluso, un antimarxista como Mao Zedong, o estos ideólogos neo-revisionistas, podrían plantear un Estado socialista en alianza con la burguesía nacional:

«¿El poder político puede ser compartido en pie de igualdad por «varias clases revolucionarias», si una de estas clases tiene en poder los medios de producción y de reproducción de su existencia cuando estos medios les faltan a las clases que producen la riqueza, la clase obrera y el campesinado trabajador en este caso? Los marxistas sólo pueden responder a esta pregunta negativamente». (Vicent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007) 

Vicent Gouysse declararía algo bastante obvio sobre la sociedad revisionista-burguesa china, que es igualmente aplicable hoy para las sociedades revisionistas-burguesas del «socialismo del siglo XXI»:

«La concepción marxista de la sociedad humana nos enseña que la base económica material de la sociedad determina la superestructura ideológica, jurídica y política. No se puede apartar del ejercicio de poder político por mucho tiempo a una clase social que tiene el poder económico y desempeña un rol social mayor». (Vicent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Este discurso de proponer un Estado en el que exista la unión de las masas trabajadoras con la burguesía nacional, y de respeto a la constitución burguesa que legitima la propiedad privada y por tanto la explotación burguesa, no presenta ninguna doctrina política nueva, es el nuevo reformismo adaptado a nuestro tiempo. Lo único que «descubre» al partido estas tesis es la posibilidad de que extrañamente aniden revolucionarios y contrarrevolucionarios, explotadores y explotados en un mismo entorno, tanto en el Estado como en el partido, y de lo único real que persuade entre los revolucionarios del partido es el hecho de que este partido jamás les llevará al socialismo sino a un esquema social prostituido en donde prima la paz entre clases antagónicas: ellos creen que pueden permitir que en su sociedad convivan todas las clases sociales y llamarla socialista, aunque siga existiendo explotadores y explotados y sus contradicciones, aunque siga existiendo la perpetuación de la propiedad privada y continúe la alianza de estos partidos reformistas con las clases explotadoras. Resulta obvio que este  esquema de sociedad no es el socialismo que teorizaron Marx y Engels y pusieron en práctica Lenin y Stalin. Como venimos insistiendo, esto supone una evidencia clara de negación de la lucha de clases, entre explotadores y explotados intentando conciliar a los dos bandos antagónicos:

«Entre otras cuestiones, en las posiciones sobre el significado y la aplicación de la teoría de la lucha de clases se distinguen los marxistas-leninistas de los revisionistas. Los marxistas-leninistas consideran la lucha de clases como la principal fuerza motriz en la sociedad de clases y libran a través de métodos radicalmente revolucionarios bajo la base del carácter irreconciliable de esta lucha, una pugna contra los enemigos de clase, su política e ideología. Los revisionistas a diferencia de ellos, siguen la política de conciliación con los enemigos de clase internos y externos, una política de extinción de lucha de clases, no sólo en los casos en los que la niegan abiertamente, sino también en los casos en que aceptan esta lucha con palabras, formalmente». (Nexhmije Hoxha; Algunas cuestiones fundamentales de la política revolucionaria del Partido del Trabajo de Albania sobre el desarrollo de la lucha de clases, 1977)». (Equipo de Bitácora de un NicaragüenseEl revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013 [reedición de 2014]) 

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