«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 26 de marzo de 2015

La histórica influencia negativa del revisionismo chino en los movimientos de liberación nacional y los partidos comunistas en Asia, y los deberes de los nuevos partido marxista-leninistas asiáticos

De izquierda a derecha: Võ Nguyên Giáp, Trường Chinh, Lê Duẩn, Hồ Chí Minh, miembros del Partido Comunista de Vientam

«Después de la guerra también en Asia fue destruido el régimen colonial. En las viejas colonias se levantaron Estados nacionales aparte. En la mayoría de ellas se logró esta victoria por medio de una lucha sangrienta de las masas populares contra los colonizadores y los ocupantes japoneses.

La lucha libertadora del pueblo chino, la cual condujo a la liberación de China de la dominación imperialista japonesa, al aniquilamiento de las fuerzas reaccionarias de Chiang Kai-shek y al triunfo de la revolución democrática, tuvo una particular importancia para el derrocamiento del colonialismo en Asia. Esta victoria, en un gran país como China, ejerció durante uno cierto periodo una amplia influencia en la lucha de liberación de los pueblos asiáticos y de los otros países dominados por las potencias imperialistas o dependientes de ellas. Pero esta influencia fue debilitándose paulatinamente, debido a la línea que adoptó la dirección china tras la creación de la República Popular China.

La dirección china proclamó que su país se había encauzado por el camino del desarrollo socialista. Los revolucionarios y los pueblos del mundo amantes de la libertad, que deseaban y esperaban que se convirtiera en un poderoso baluarte del socialismo y de la revolución mundial, saludaron calurosamente esta proclamación. Pero sus deseos y sus esperanzas no se confirmaban. La gente no quería creérselo, pero los hechos y la situación muy agitada y turbulenta que predominaba en China, demostraban que no marchaba por el camino del socialismo.

Mientras tanto, la lucha de los pueblos asiáticos no había finalizado con la destrucción del colonialismo. Los colonizadores ingleses, franceses; holandeses, etc., a pesar de verse obligados a reconocer la independencia de las antiguas colonias, querían conservar sus posiciones económicas y políticas a fin de continuar la dominación y la explotación bajo otras formas, neocolonialistas. La situación se agravó particularmente por la penetración de los Estados Unidos en Asia, sobre todo en el Lejano Oriente, en el Sudeste Asiático y en las islas del Pacífico. Esta zona tenía y tiene una gran importancia económica, militar-estratégica para el imperialismo estadounidense. Allí estableció grandes bases y flotas de guerra. Paralelamente a esto, el capital estadounidense clavó sus sangrientas garras en la economía de esas regiones. Entretanto, los imperialistas estadounidenses llevaron a cabo operaciones militares y acciones diversionistas de gran envergadura a fin de aplastar los movimientos de liberación nacional en los países asiáticos. Lograron dividir Corea y Vietnam en dos partes, implantando regímenes reaccionarios, títeres, en la parte sur de estos países. En numerosas excolonias y semicolonias de Asia, se establecieron regímenes latifundista-burgueses proimperialistas. De este modo se conservaron allí la esclavitud medieval, la feroz dominación de los maharajás, los reyes, los jeques, los samuráis, de los señores capitalistas «modernizados». Estos regímenes vendieron otra vez sus países a los imperialistas, sobre todo al imperialismo estadounidense, frenando así considerablemente el desarrollo económico, social y cultural de estos países.

En estas condiciones, los pueblos de Asia, agobiados de nuevo por el pesado yugo imperialista y latifundista-burgués, se vieron obligados a no deponer las armas y continuar su lucha libertadora a fin de liquidar este yugo. En general esta lucha estaba dirigida por los partidos comunistas. Allí donde estos partidos habían logrado crear estrechos vínculos con las masas, hacerlas conscientes de los objetivos libertadores de la lucha, movilizarlas y organizarlas en la guerra revolucionaria, esta lucha dio resultados positivos. La histórica victoria que lograron los pueblos de Indochina, especialmente el pueblo vietnamita, sobre los imperialistas estadounidenses y sus lacayos nativos latifundista-burgueses, demostró al mundo entero que el imperialismo, aún siendo como los Estados Unidos una superpotencia, a pesar de su gran potencial económico y militar y los modernos medios de guerra de que dispone y que utiliza para aplastar los movimientos de liberación, no es capaz de someter a los pueblos y los países, sean grandes o pequeños, cuando están decididos a hacer cualquier sacrificio y luchar con abnegación hasta el fin por su libertad y su independencia.

En muchos otros países de Asia, como Birmania, Malasia, Filipinas, Indonesia, etc., se han desarrollado y todavía siguen desarrollándose las luchas armadas de liberación. Estas luchas seguramente habrían logrado mayores éxitos y victorias, si no hubieran sido obstaculizadas por la intervención y las actitudes antimarxistas y chovinistas de la dirección china, intervención y actitudes que han provocado escisión y desorientación en las fuerzas revolucionarias y los partidos comunistas a la cabeza de estas fuerzas. Por un lado, los dirigentes chinos decían apoyar las luchas libertadoras en estos países y, por el otro, sostenían a los regímenes reaccionarios, recibían y despedían con mil honores y elogios a sus cabecillas. Siempre han seguido la estrategia y la táctica de someter los movimientos de liberación en los países asiáticos a su política pragmática y a sus intereses hegemonistas. De continuo han presionado a las fuerzas revolucionarias y a la dirección de estas fuerzas para imponerles esa política. En realidad, no se han preocupado por la causa de la liberación de los pueblos y de la revolución en los países de Asia, sino por la realización de sus designios chovinistas. No han ayudado a estos pueblos, sólo los han obstaculizado.

El problema de la revolución y de la lucha de liberación en Asia, jamás se ha planteado con tanta fuerza y de manera tan imperativa como ahora; nunca ha sido más complicado que ahora ni su solución más difícil.

Esta complicación y estas dificultades se deben principalmente a los designios y a la actividad de los imperialistas estadounidenses, así como a los designios y la actividad antimarxista, antipopular, hegemonista y expansionista de los revisionistas y los socialimperialistas soviéticos y chinos.

Los Estados Unidos ambicionan e intentan por todos los medios y con todas sus fuerzas conservar y reforzar sus posiciones estratégicas, económicas y militares en Asia, puesto que consideran estas posiciones como vitales para sus intereses imperialistas.

A su vez, también la Unión Soviética aspira a extender las posiciones que ya ha conquistado en Asia y se vale de todos los medios y de todas sus fuerzas para conseguirlo.

China, por su parte, ha manifestado abiertamente su pretensión de dominar a los países asiáticos, estableciendo a este efecto alianzas con los Estados Unidos y, en especial, con el Japón, y contraponiéndose directamente a la Unión Soviética.

También el Japón pretende dominar en Asia; éste es un viejo objetivo del imperialismo japonés.

Por eso la Unión Soviética tiene tanto miedo a la alianza sino-japonesa y la combate tan enérgicamente. Pero tampoco el imperialismo estadounidense desea que esta alianza cobre mayores proporciones y supere los límites en que puedan verse afectados sus intereses, a pesar de que estimuló y dio el «visto bueno» a la firma del Tratado entre China y el Japón juzgando desde el punto de vista de que este tratado puede frenar la expansión soviética que va en perjuicio de la dominación estadounidense.

También la India, que es un gran país, tiene la ambición de convertirse en una gran potencia nuclear y con peso en Asia, de desempeñar un papel particular, sobre todo dada su posición estratégica en el cruce de los intereses expansionistas de las dos superpotencias imperialistas, la estadounidense y la soviética, en el Océano Indico y el Golfo Pérsico, y en sus fronteras septentrionales y orientales.

Tampoco el imperialismo inglés ha renunciado a sus designios de dominar los países asiáticos. Otros Estados capitalista-imperialistas tienen asimismo una meta análoga.

Por esta razón Asia constituye hoy día una de las zonas en las que tienen lugar las rivalidades interimperialistas más agudas; se han creado, por lo tanto, muchos focos peligrosos que amenazan con transformarse en conflagraciones mundiales, que serían pagadas por los pueblos.

Para sofocar las revoluciones y las luchas de liberación en los países de Asia y abrir paso a sus planes hegemonistas y expansionistas, los revisionistas soviéticos y chinos, en una febril competencia entre sí, han realizado y realizan un trabajo muy sucio de escisión y de zapa en el seno de los partidos comunistas y de las fuerzas revolucionarias y amantes de la libertad de estos países. Esta actividad fue una de las causas principales de la catástrofe que sufrió el Partido Comunista de Indonesia, de la escisión y del desbaratamiento del Partido Comunista de la India, etc. Predican la alianza y la unidad del proletariado y de las amplias masas populares con sus respectivas burguesías reaccionarias, esforzándose cada uno por separado en granjearse la amistad de estas burguesías dominantes.

La injerencia de los socialimperialistas soviéticos y chinos en los diversos países de Asia, partiendo de sus posiciones y sus objetivos hegemonistas y expansionistas, amenaza con grandes peligros a los movimientos de liberación de estos pueblos y ha puesto directamente en peligro también las victorias de la lucha de liberación en Vietnam, Camboya y Laos.

En los países asiáticos, las fuerzas revolucionarias y amantes de la libertad, dirigidas por los partidos comunistas marxista-leninistas, deben enfrentar y desbaratar tanto el peligro que proviene de la reacción interna, armada por los amos imperialistas, como los peligros procedentes de la actividad escisionista y de zapa, y de los planes hegemonistas y expansionistas de los revisionistas soviéticos y chinos. Además deben liberarse de una serie de antiguas ideas y concepciones reaccionarias; religiosas, místicas, budistas, brahmanistas, etc., que frenan el movimiento. Del mismo modo no deben permitir que arraiguen «nuevas» ideas y concepciones reaccionarias, como las ideas revisionistas jruschovistas, maoístas y otras teorías igual de reaccionarias, que desorientan a las masas, las engañan, las despojan de su espíritu combativo de clase, las meten en callejones tortuosos y sin salida.

Es cierto que la lucha de liberación que tienen por delante los pueblos de Asia es difícil, es cierto que choca con muchos obstáculos, pero no hay ni habrá lucha de liberación ni revolución fáciles, que no sorteen grandes dificultades y obstáculos, que se lleven a cabo sin sangre y sin grandes sacrificios, para alcanzar la victoria final». (Enver HoxhaEl imperialismo y la revolución, 1978)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[1] En Asia, la influencia del revisionismo chino influyó tempranamente a la mayoría de partidos comunistas asiáticos durante los 40, pero fue con la libre «vía al socialismo» propagada por el jruschovismo tras la contrarrevolución en la Unión Soviética y el movimiento comunista internacional de los 50, sumado a la desenfrenada propaganda china lo que supuso el aumento real de la influencia y consiguiente contagio del revisionismo chino en la mayoría de los partidos asiáticos. Con ello se consiguió desorientar ideologicamente a los partidos comunistas terminando a veces en sonadas derrotas varios de sus movimientos como en la India, Filipinas, o Indonesia tanto por factores locales como internacionales. E incluso cuando cuando por los mismos factores locales e internacionales hicieron que los partidos como los de Corea, Vietnam, Laos, Camboya lograran junto a otros aliados locales expulsar del poder al imperialismo y sus sirvientes, su tronco teórico influenciado desde hace tiempo por el revisionismo soviético, yugoslavo, y sobre todo chino, hacia que la construcción del socialismo nunca se llegara a realizar en estos países donde los comunistas tomaron el poder en alianza con otros grupos de patriotas antiimperialistas. 

El pensamiento arraigado en conceptos como: (1) la idea de ser posible mantener una alianza inmutable con la burguesía nacional tanto en la etapa de liberación nacional como en la construcción del socialismo o 
la posibilidad del «tránsito pacífico» de las clases explotadoras al socialismo; (2) la confusión de conceptos entre lo que es frente y lo que es partido, y los roles y funciones de cada uno; (3) la lucha coyuntural contra el revisionismo yugoslavo y soviético y yugoslavo mediante cuestiones nacionalistas-oportunistas y no bajo principios ideológicos con la consiguiente la conciliación e incluso contagio de las tesis de estos revisionismos; (4) la aceptación de la teoría de la «lucha de dos o más líneas» en el partido, con el consiguiente surgimiento de fraccionalismos y líneas internas; (5) la aceptación de la teoría de que el «campo debe cercar a las ciudades» descuidando o abandonando el trabajo en estas ultimas y poner la «agricultura como base de la economía» usando la ley del valor en la economía y tomando al campesinado como la «clase revolucionaria y dirigente del proceso»; (6) juntar el pensamiento de las religiones nacionales con el marxismo-leninismo y poner al ejército por delante del partido; o el hecho de (7) apoyar las teorías internacionales revisionistas yugoslavas, chinas y soviéticas de los «no alineados» y los «tres mundos» o la «división internacional del trabajo». Todas estas desviaciones burguesas y pequeño burguesas maoístas que pueden ser vistas en líderes asiáticos como (1) Lê Duẩn; (2) Hồ Chí Minh, (3) Võ Nguyên Giáp, (4) Aidit, (5) Pol Pot; (6) Kim Il Sung y (7) Kim Jong Il, en realidad han sido el denominador común entre estos jefes de partidos comunistas asiáticos, conceptos que como era inevitable han hecho degenerar a dichos partidos, consiguiendo o bien no se consiguiera derrotar a las fuerzas reaccionarias locales y extranjeras o que una vez derrotadas no se empezara la construcción del socialismo.

[2] La política exterior del revisionismo chino decía apoyar a los partidos comunistas que luchaban contra el imperialismo y sus lacayos, pero cualquiera a estas alturas sabe que la dirección china a la vez apoyaba e incluso recibían con todos los honores a los líderes de los gobiernos contra los que las fuerzas comunistas asiáticas se estaban enfrentando, e incluso en sus discursos, periódicos, y demás les colmaban de calificaciones de «valientes revolucionarios y antiimperialistas». Encontramos paradigmas de este tipo en los contactos con: los comunistas y el gobierno de Ferdinand Marcos en Filipinas, los comunistas indonesios y el gobierno de Suharto, los comunistas tailandeses y el gobierno de Thanom, los comunistas malayos y el gobierno de Abdul Razak, los comunistas singapurenses y el gobierno de Lee Kuan Yew, los comunistas pakistaníes y el gobierno de Ayub Khan, los comunistas ceilandeses y el gobierno de Bandaranaike, los comunistas iraníes y el gobierno del Shá Pahlevi, y sépase que esto solo es el caso de los países asiáticos. Todos estos gobiernos eran descaradamente anticomunistas y proestadounidenses. Por tanto, con la oficialización de la teoría de los «tres mundos» a inicios de los 70 –que certificaba la intención de aliarse al imperialismo estadounidense y sus aliados para aupar a China como potencia imperialista– el arquetipo de estas relaciones dieron su última vuelta de tuerca: el apoyo diplomático, militar y financiero a estos gobiernos reaccionarios se intensificó, a la vez que las declaraciones y ayuda de cara a la galería a los movimientos revolucionarios antiimperialistas que luchaban contra estos gobiernos se abandonó definitivamente. Para ver un testimonio de primera mano de entonces, véase:

Equipo de Bitácora (M-L); Enver Hoxha; Reflexiones sobre China, Tomos I (1962-1972) y II (1972-1977) en español

o

The Espresso StalinistSeries sobre el revisionismo chino: La política exterior de la china maoísta en los 70 y 80

Unas reflexiones sobre factores internos y externos que hicieron posible la degeneración del PSUC y su captura por los carrillistas en la posguerra


«
Creemos que todos sabéis a estas alturas lo que supuso para el PSUC que a poco tardar de escribir esta carta Joan Comorera polemizara contra los carrillistas del PSUC, los resultados pueden ser condensados en:

1) La injusta expulsión de Comorera del PSUC y el posterior vergonzoso y criminal vilipendio público acusándolo de agente del franquismo-titoismo-imperialismo, mientras Comorera consumía precisamente sus últimos días en las cárceles franquistas en 1958;

2) Decapitar al PSUC de su mejor líder, pudiendo así, promocionar a los carrillistas y rehabilitar a los expulsados por Comorera y el partido años antes, consolidando con ello poco a poco la conversión del PSUC en una sucursal catalana del PCE lo que fue oficializado en 1954; asegurándose con ello que el PSUC fuera en un mero seguidor-validador de la teoría política revisionista de de la «reconciliación nacional» defendida por el binomio Carrillo-Ibárruri, una teoría que es un crimen histórico contra la lucha de clases y especialmente un insulto para todos los combatientes tanto españoles como no españoles que lucharon en la Guerra Civil contra el fascismo español y extranjero. 

Ahora, pese a que el movimiento comunista marxista-leninista sufriera tales reveses con la usurpación del partido por la pandilla de revisionistas, hay una cosa imborrable de esta época gloriosa durante la cual Comorera escribe la presente carta del documento: y que tal época una lección de dedicación tanto del PCE como el PSUC a la causa de la clase obrera y su recompensa se vio en la influencia entre las masas populares, época dorada que ningún periodo posterior de estos mismos partidos, bajo las mismas siglas pero bajo mando revisionista, pudo emular, y que reafirma la justa línea política de los marxista-leninistas de esta época sobre los revisionistas posteriores:

«La resuelta actitud del partido comunista frente al ataque fascista, el audaz ejemplo que dio colocándose al frente de las masas para impedir que el fascismo pasara, el ejemplo de sus militantes, el 60 por ciento de los cuales fueron enviados a los diversos frentes de lucha, aumentaron en gran medida la autoridad y el prestigio del partido entre las masas del pueblo. Un partido crece, gana autoridad y se convierte en dirigente de las masas cuando cuenta con una línea clara y se lanza audazmente a la lucha por llevarla a la práctica. El Partido Comunista de España se convirtió en un partido tal en el curso de la guerra civil. Desde la insurrección fascista en julio de 1936 hasta finales de ese mismo año, el partido comunista triplicó el número de sus miembros. Y, aunque en aquellos días la gente se integraba en el partido para ofrendar su vida, y no para dar su voto en las elecciones, jamás ni nadie, ni el llamado partido comunista de Santiago Carrillo, ni los otros partidos revisionistas, que han abierto sus puertas a todo aquel que quiera ingresar en ellos, laico o religioso, obrero o burgués, podrá hablar de un crecimiento de la autoridad e influencia como las que adquirió el digno Partido Comunista de España durante el período de la guerra civil». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Enver Hoxha, destacado marxista-leninista, internacionalista, siempre amistoso y simpatizante con el pueblo español y su heroica lucha, explicaría a los lectores que no se explicaban la degeneración del Partido Comunista de España las grandes pérdidas del partido durante la guerra y el derrotismo que se imprimiría desde entonces, las duras condiciones para operar dentro de la España franquista, la dificultad de organizarse también desde exilio muchas veces también en condiciones forzadas de absoluta clandestinidad de los comunistas en tales países, en resumen de como a raíz de la pérdida de la guerra civil española, los elementos como Carrillo-Ibárruri se aprovecharon para imponer su dominio revisionista en tal panorama difícil y confuso:

«La Guerra de España tocó a su fin a comienzos del año 1939, cuando la dominación de Franco se extendió a todo el territorio nacional En aquella guerra el Partido Comunista de España no escatimó esfuerzos ni energías para derrotar al fascismo. Y si el fascismo venció, fue debido, aparte de los diversos factores internos, en primer lugar a la intervención del fascismo italiano y alemán y a la política capitulacionista de «no intervención» de las potencias occidentales con respecto a los agresores fascistas. Muchos militantes del Partido Comunista de España inmolaron sus vidas durante la guerra civil. Otros fueron víctimas del terror franquista. Otros miles y miles fueron arrojados a las cárceles donde permanecieron por largos años o murieron en ellas. Después del triunfo de los fascistas, en España reinó el más feroz terror. Los demócratas españoles, que lograron escapar de los campos de concentración y de los arrestos, tomaron parte en la resistencia francesa donde combatieron heroicamente, mientras que los demócratas españoles que se fueron a la Unión Soviética se integraron en las filas del ejército rojo y muchos de ellos dieron su vida combatiendo al fascismo. Pese a las condiciones sumamente graves, los comunistas continuaron su lucha guerrillera y la organización de la resistencia también en España. La mayor parte cayeron en manos de la policía franquista y fueron condenados a muerte. Franco golpeó duramente la vanguardia revolucionaria de la clase obrera y de las masas populares de España y esto tuvo consecuencias negativas para el partido comunista. Al haber desaparecido en la lucha armada y bajo los golpes del terror fascista los elementos más sanos, más preparados ideológicamente, más resueltos y valientes, del Partido Comunista de España, cobró supremacía y ejerció su influencia negativa y destructora el elemento cobarde pequeño burgués e intelectual como son Santiago Carrillo y compañía. Estos fueron transformando gradualmente al Partido Comunista de España en un partido oportunista y revisionista». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Esta última cita indirectamente explicaba también el «Caso Comorera»; es decir como los carrillistas catalanes y españoles tuvieron ante sí unas condiciones objetivas favorables para poder eliminar a Joan Comorera del PSUC. El Partido Socialista Unificado de Cataluña sufriría de igual forma que el Partido Comunista de España en este periodo convulso duras pruebas no ya para desarrollar el partido, sino para evitar su liquidación tanto en el interior de Cataluña como en el exilio: gran pérdida de los militantes durante la guerra civil; el factor desmoralizador de la pérdida de la guerra; la represión del gobierno francés al cruzar la frontera en 1939 que incluía el desarme del los combatientes y su incursión en los campos de concentración; la presión del surgimiento de nuevas corrientes revisionistas en el movimiento comunista como el browderismo en 1943-1944; el resurgimiento de la demagogia nacionalista burguesa y pequeño burguesa en los centros neurálgicos de exiliados catalanes como México o Francia; la ilegalización y represión contra todo lo comunista tras el Pacto Ribbentrop-Mólotov en Francia en 1939 y el posterior régimen filohitleriano de Vichy en Francia durante 1940-1944; la presión anticomunista y antisoviética del cenetismo-faísmo, el prietismo socialdemócrata, o el trotskismo; la fallida incursión antifascista de los 4.000 combatientes antifascistas en el Valle de Arán durante 1944; la caída diaria de militantes del PSUC como «la caída de los 80» en 1947; la desviación nacionalista-derechista del titoismo en 1948; si a estas condiciones extremas, que el PSUC con Joan Comorera a la cabeza sorteó eficazmente durante 1939-1949 le sumamos el gran factor externo de presión como era que el PCE para finales de los 40 estaba liderado por líderes revisionistas como Santiago Carrillo que deseaban incorporar al PSUC como la sección catalana del PCE para poder controlar su línea política, encontramos un cúmulo de circunstancias y un momento que no se puede postergar como era: la polémica entre los marxista-leninistas del PSUC como Joan Comorera y los líderes revisionistas del PCE como Santiago Carrillo que pretendían absorber el partido e igualar la línea del PSUC a su línea. En otro documento explicaremos mejor este tema de cómo triunfó el revisionismo carrillista en el PSUC». (Introducción de Bitácora (M-L) al documento de Joan Comorera«La revolución plantea a la clase obrera el problema del poder político» de 1949, 10 de febrero de 2015)

Enver Hoxha sobre el sospechoso surgimiento de los partidos tan llamativos y pintorescos como Unificación Comunista de España en los 70


«Los revisionistas chinos han echado por la borda el marxismo-leninismo y han adoptado una nueva forma de revisionismo revestida de una acentuada ideología socialdemócrata capitalista y mezclada con viejas filosofías chinas reaccionarias, étatiste,  feudales. Se esfuerzan por propagar esta política, esta ideología, que no tiene cabida en ninguna parte, que sólo echa raíces en algunos jóvenes «marxista-leninistas» desorientados, que crearon grupos llamados marxista-leninistas al calor de la Revolución Cultural China y a la sombra de la «gran autoridad» de Mao Zedong. Estos elementos, que han formado algunos pequeños partidos bastardos, no pueden salir de este caparazón ni romper el lazo espiritual con el que están atados a los chinos, de ahí que hagan causa común con ellos, y difunden en periódicos o revistas financiadas por los chinos falsas teorías supuestamente marxista-leninistas, tesis insípidas, infundadas y en esencia revisionistas [1].

Los miembros de estos grupos se encuentran escindidos, porque los puntos de vista revisionistas chinos, al igual que los de cualquier otro revisionismo, no pueden de ningún modo crear la cohesión y la unidad de pensamiento y acción, sino que por el contrario siembran la división. Esto es lo que hacía Mao Zedong cuando preconizaba la existencia en China y en el Partido Comunista de China de «dos o cinco lineas», «el nacimiento de cien flores y la competición de cien escuelas», porque, según él, cuantas más corrientes hubiese tanto mejor. Y de hecho, en los países capitalistas, donde existen los llamados partidos marxistas, prochinos, se «abren» no cien, sino mil «flores».

Cada individuo, cada miembro de estos partidos apéndices de los revisionistas chinos tiene sus ideas y las expresa, pero no para actuar, puesto que, cuando se trata de actuar, dan muestras de indecisión. Por eso la propaganda de los chinos, que no sólo es difundida entre los que se llaman marxistas, sino también entre los que no se hacen llamar de esta manera, lleva a la creación de grupos de fascistas redomados, que se autodenominan «proletarios», «revolucionarios», «guardias rojos», etc., etc., pero que en realidad no son más que agentes de la burguesía y fascistas, que hacen la propaganda de China. ¿Se puede hablar en este caso de influencia por parte de China? En absoluto, esto sólo le sirve para poder decir que China mantiene relaciones con los partidos comunistas marxista-leninistas, cuando en realidad, esos partidos no lo son». (Enver Hoxha; Sombrío panorama chino; Reflexiones sobre China, 8 de diciembre de 1977)

Anotación de Bitácora (M-L):

[1] La creación de Tribuna Obrera en 1968 «al calor de la Revolución Cultural China» y su lenguaje pseudocomunista, y su evolución en la creación artificial del «partido-hongo» maoísta Unificación Comunista de España en 1973, no tenía otro fin para China que tener un paladín español que defendiera su política exterior inspirada en la teoría de los «tres mundos». En 1974 tuvo una unión y seguido una misma escisión con el Movimiento Comunista de España una escisión maoísta de ETA. Con el devenir de los años esta despreciable organización ha ido evolucionando; empezando por pedir el voto en coalición con otros «partidos-hongos» maoístas que salieron en España como el Partido de los Trabajadores de España en las elecciones de 1979, posteriormente sus jefes decidieron no presentarse a elecciones y pedir  esporadicamente el voto a diferentes agrupaciones dependiendo del tipo de elecciones y comunidades autónomas: a Izquierda Unida durante 1989-2000, al Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra en 2005, a Unión Progreso y Democracia  en 2006, a Ciudadanos de 2006-2008 y ahora tras presentarse de nuevo en solitario, se parapetan bajo la plataforma Recortes Cero. Internacionalmente sus cabecillas de haber apoyado al Partido Comunista de China en sus mil fechorías desde siempre, hoy día también pasan por apoyar a SYRIZA o al Partido Socialista Unificado de Venezuela, es decir son parte de los altavoces del fraude del «socialismo del siglo XXI». A su vez la UCE ha sido y es trabajador incansable como propagador de los mitos maoístas sobre los «errores de Stalin» para proclamar que el «Pensamiento Mao Zedong» es una doctrina superadora del marxismo-leninismo. Otra de las características de la UCE ha sido negar el derecho de autodeterminación a las nacionalidades de la península ibérica y mostrar un chovinismo español atroz, esta es su piedra angular de su línea política actualmente, si bien hay que decir que inicialmente no mantenía tal discurso. De hablar antaño –cinicamente claro– de la necesidad de instaurar la dictadura del proletariado han pasado a limitarse a exigir la repartición de la riqueza. 

Ciertamente estos miembros tienen una mezcolanza de ideología reformista, revisionista, fascista, bastante difícil de creer y de ver en otro partido, no albergando pues si quiera patrones lógicos dentro de su línea principal revisionista maoísta. De hecho solo hace falta ver que solo la UCE o Falangue Aunténtica hayan sido los que hayan pedido el voto por Rosa Diéz y UPyD en España. Desde luego a competición por el título de «agente al servicio de la burguesía» este partido revisionista se lleva la palma, pero seguro que nunca ganará el primer premio al «disfraz y disimulo» en tal empresa como si lo saben hacer mejor otros partidos revisionistas hermanos suyos. La UCE se dedica a posicionar estratégicamente sus militantes en zonas de gran aflujo de gente para atosigar a los transeúntes intentándoles vender su periódico «De Verdad» y captar a revolucionarios honestos pero sin formación ideológica para poder explotarlos económicamente y adiestrarlos para que formen parte y participen de sus fines contrarrevolucionarios. 

No hace falta extendernos más para que el lector sepa a qué intereses responden esta organización. 
Para saber mas sobre la historia de este partido, los hechos significativos de que sus jefes tengan varias empresas, varias de sus propiedades hayan sido embargadas por impago, se les haya denunciado por no tener dados de alta en la Seguridad Social a sus trabajadores, o los canallescos métodos de financiación para mantener el partido, véase: Unificación Comunista de España.

martes, 24 de marzo de 2015

Recordando las condiciones objetivas y subjetivas para una revolución


«
El marxismo-leninismo nos enseña, y la experiencia de todas las revoluciones ha confirmado que, para que estalle y triunfe la revolución, deben existir los factores objetivos y subjetivos.

Lenin ha formulado esta enseñanza en su obra La bancarrota de la II Internacional y la ha desarrollado posteriormente en: «La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo» de 1920 y otros escritos.

Considerando la situación revolucionaria como el factor objetivo de la revolución, Lenin la caracteriza de este modo:

«La imposibilidad para las clases dominantes de mantener su dominio en forma «inmutable» debido a la profunda crisis que ha afectado a estas clases, crisis que provoca el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución ordinariamente no basta que «los de abajo no quieran vivir» como antes, sino que hace falta también que «los de arriba no puedan vivir» como hasta entonces. 2) Una agravación fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas. 3) Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de «paz» se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los de arriba, a una acción histórica independiente. Sin estos cambios objetivos, no sólo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la revolución es, por regla general, imposible. El conjunto de estos cambios objetivos es precisamente lo que se denomina situación revolucionaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La bancarrota de la II Internacional, 1916)

Puntualiza:

«En otros términos, esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una crisis nacional general –que afecte a explotados y explotadores–». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

«Pero no toda situación revolucionaria da lugar a la revolución», dice Lenin. En muchos casos, indica, las situaciones revolucionarias, como las de 1860-1870 en Alemania, 1859-1861 y 1879-1880 en Rusia, no se han transformado en revoluciones, porque no ha existido el factor subjetivo, es decir, una elevada conciencia por parte de las masas, su disposición para hacer la revolución:

«La capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficientemente fuertes para romper –o quebrantar– el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, «caerá», sino se le hace caer». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La bancarrota de la II Internacional, 1916)

Como ha escrito Lenin ya en sus primeras obras, el partido revolucionario de la clase obrera, su función de dirección, educación y movilización de las masas revolucionarias, desempeñan un papel determinante en la preparación del factor subjetivo. El partido logra esto tanto elaborando una correcta línea política, que responda a las condiciones concretas, a los deseos y a las exigencias revolucionarias de las masas, como realizando un trabajo muy grande y acciones revolucionarias frecuentes y bien estudiadas en el plano político, que hagan tomar conciencia al proletariado y a las masas trabajadoras de la situación en que viven, de la opresión, la explotación y las bárbaras leyes de la burguesía, de la necesidad de hacer la revolución, como el medio para derrocar al régimen esclavizador.

De este modo las capas pobres reaccionarán con tal intensidad que a los ricos, a la burguesía en el poder, conmocionados también por las otras contradicciones internas y externas, les será difícil seguir dominando como antes. Cuándo estos requisitos se cumplen, cuando existen los factores objetivos y subjetivos, los cuales están entrelazados, entonces no sólo puede estallar la revolución, sino también triunfar.

En todo momento, los revolucionarios reflexionan hondamente sobre estas geniales tesis de Lenin y no sólo reflexiona, sino que además analizan las situaciones de modo concreto y en todos sus aspectos. Actúan con la vista puesta en no dejarse sorprender jamás por las situaciones revolucionarias, de forma que no se encuentren desarmados en esos momentos decisivos, sino que sepan aprovecharlas con la finalidad de preparar el estallido de la revolución». (Enver HoxhaEl imperialismo y la revolución, 1978)

lunes, 23 de marzo de 2015

El desgaste paulatino de la credibilidad de Podemos; Equipo de Bitácora (M-L)

Teresa Rodríguez junto a Pablo Iglesias, miembros de Podemos

Conforme va pasando el tiempo, Podemos en su objetivo de ganar las elecciones generales del Estado español del 2015 va tropezando con uno y mil escollos que cada vez le resultan más difíciles de sortear a sus miembros. El patetismo que alcanza esta organización en su viaje por embaucar a la gente para que le vote ya no deja indiferente a nadie.

Y no somos pocos los que nos alegramos por: ver como se confirman los análisis anticipado al respecto de la tendencia revisionista pro reformismo burgués de Podemos, y como el desgaste de la organización ha ido repercutiendo en una población que empieza a no ser indiferente ante la demagogia desplegada por Pablo Iglesias y su séquito de embaucadores; otros en cambio empiezan a mostrar un serio enfado por haber creído en esa mentira cosechada por los medios de (in)comunicación de masas, y empiezan a repudiar a tal organización como el que en su día lo hizo desde el principio; otros, en relación a los últimos acontecimientos empiezan a ver a la organización con serias dudas, y ya no creen en sus bonitas palabras ni en sus figuras, ni siquiera en que tengan buenas intenciones los altos jefes del partido a la hora de hacer política; a otros les faltan kilómetros en la geografía española para huir del espantoso ridículo de afirmar –como autodenominados «comunistas»– que se debía apoyar tal formación revisionista porque «serían revolucionarios y un verdadero cambio en el sistema», ahora simplemente guardan silencio al saberse en ridículo antes la colosal estupidez de su llamamiento.

Como sabe el lector, no hace mucho hemos analizado en profundidad la política de Alexis Tsipras y de SYRIZA en el documento: «¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer» de 2015; no consideramos por tanto necesario extendernos en demasía en esta publicación por las existentes políticas paralelas entre Podemos y SYRIZA, pero sí realizar ciertos apuntes que son tan importantes como igualmente curiosos.

Sabemos que Podemos, y todos los partidos revisionistas de esta tipología, consideran las elecciones parlamentarias burguesas como el objetivo final de su política y el «caballo de batalla» donde miden si su política de engaño surte efecto [1]. Mientras se acercan las elecciones generales, Podemos cada vez va destapando su naturaleza oportunista de «ganar a toda costa» y como decimos esto va incidiendo en su popularidad, influencia, credibilidad, etc. Expliquemos alguno de los fenómenos que va demostrando su «destape» paralelo a la pérdida de credibilidad de Podemos entre la población trabajadora más combativa, más consciente de la realidad que le rodea.

1) Su posición en las elecciones andaluzas y los tanteos al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Partido Popular (PP) para pactar con ellos

En las inminentes elecciones andaluzas, el secretario de Participación Interna de Podemos, Luis Alegre, afirmó hace poco que el partido en dicha comunidad autónoma no tiene expectativas de gobernar:

«Andalucía no es una Comunidad Autónoma en la que tengamos expectativas de acceder al Gobierno en estas elecciones». (Luis Alegre; Entrevista en la Cadena Ser, 2 de febrero de 2015)

Esto pese a ser obvio según los sondeos preelectorales, levantó la sorpresa entre la opinión política, pero además reforzó la idea de que Podemos sería clave para el próximo gobierno en Andalucía pues las encuestas no daban la mayoría ni al Partido Popular (PP) ni al Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

A las pocas horas seguramente obligado por la cúpula de partido y azuzado por el dardo que la propia candidata de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez, lanzó contra este tipo de derrotismo:

«Quienes conocemos esta tierra sabemos que podemos y debemos ganar Andalucía». (Teresa Rodriguez; Twitter, 2 de febrero de 2015)

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