
Mientras la lluvia dejaba sentir su tintineo imperturbable; un pensamiento negativo, errático, nublo mi mente, y ya no me dejó pensar en otra cosa, uno de esos pensamientos que normalmente te asaltan cuando ves un documental sobre una tierra lejana o no tan lejana ahogada en la sangre, en la miseria y el dolor de sus habitantes... que comúnmente tiene el rostro de un niño, y pensé, me sugerí, que las plagas que tanto pregonan mitos y leyendas contenidos en libros sagrados de tantas culturas deben de tener ese rostro, pues en ellos se puede contemplar la desesperación, el hambre, la más absoluta pobreza, y muy en el fondo de unos ojos tristes un atisbo de esperanza, nada puede ser mas cruel.

Y entonces comprendí que somos ruines por naturaleza, malvados hasta la saciedad incapaces de practicar empatía con el que sufre, con el que padece, y peor aún... somos animales de costumbres, nos acostumbramos a todo, incluso a ver sufrir a aquel infante, que muere de inanición, ¿por que no nos perturba su desgracia?. Una desgracia que le toco vivir, que no eligió... si no que el azar le asigno - prefiero hablar del azar por que si hablase de Dios, si lo hiciese, ninguno de nosotros seria más culpable que él - me pregunto... ¿hasta cuando?.
Me despierto, ¿era un sueño?, ¿una pesadilla?; no señores es la más cruel de las realidades y asistimos a ese desastre, repitiéndonos una y otra vez que no podemos hacer nada, que es culpa de sus gobernantes, sólo para callar nuestros sentimientos de culpa de una vez y para siempre, por que ese no es nuestro problema si no de aquel niño de ojos tristes.




