«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 16 de mayo de 2011

The Guardian desmiente categóricamente informe sobre las FARC que difama a Venezuela y Ecuador.

Greg Grandin y Miguel Tinker Salas / The Guardian – La publicación de un “dossier” de los archivos de las FARC, que supuestamente fueron incautados por el gobierno colombiano en 2008, es realmente un no-evento.


El informe, elaborado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), parece ser un intento por parte de los halcones en los EEUU y el Reino Unido de perpetuar, con el uso de la “propaganda negra”, las políticas fallidas del gobierno de George W Bush, así como de anteriores administraciones de la época de la guerra fría, a las que pertenecieron. Todas sus conclusiones se basan en la premisa falsa de que los documentos que se pretende analizar son enteramente fiables.

Observadores imparciales de los hechos que rodearon la supuesta captura de los ficheros informáticos de las FARC, y su revelación posterior en los medios de comunicación, hace mucho tiempo, llegaron a la conclusión de que los archivos son muy dudosos, en el mejor de los casos. Los militares colombianos, que afirman haber obtenido los documentos de las computadoras y las “memorias flash” después de un bombardeo ilegal a un campamento de las FARC dentro de Ecuador en marzo de 2008, es la única parte que puede saber con certeza si los documentos son auténticos.

El IISS, y otros que quieren que el mundo crea en la autenticidad de los documentos, hace descansar gran parte de su caso sobre la supuesta verificación de los archivos por INTERPOL. Pero lo que realmente dijo la INTERPOL, en su informe de 2008 sobre los documentos, fue que el tratamiento de los archivos por los militares colombianos “no se ajusta a los principios reconocidos internacionalmente para el manejo ordinario de pruebas electrónicas por representantes de la ley”. INTERPOL señaló que hubo un período de una semana entre la captura de los documentos del ordenador por parte de Colombia, y el momento que fueron entregados a la INTERPOL, tiempo durante el cual las autoridades colombianas modificaron 9.440 archivos, y suprimieron 2.905, de acuerdo a la información detallada del informe forense de INTERPOL. Esto “puede complicar la validación de esta prueba a los efectos de su introducción en un proceso judicial”, señaló la INTERPOL en ese momento.

Después de su notable “descubrimiento” y “captura” (las computadoras, se nos dijo, sobrevivieron completamente intactas a un bombardeo), el ejército colombiano hizo “revelaciones” que rápidamente resultaron ser falsas. Una foto que representa una reunión de oficiales ecuatorianos de alto nivel con las FARC se reveló una falsificación. Aún más vergonzoso, las afirmaciones del ejército colombiano según las cuales los archivos enseñaban que las FARC estaban planeando fabricar una “bomba sucia”, fueron rechazadas públicamente por el gobierno de EEUU y expertos en terrorismo.

Las evidencias de los documentos acerca del apoyo de Venezuela para las FARC eran tan débiles que el Secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, dijo –sólo un mes más tarde– al subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental del congreso de EEUU que no había “ninguna evidencia” de ese apoyo o complicidad.

Aún más dañino para el caso de los militares colombianos fueron las declaraciones del año pasado del general Douglas Fraser, jefe del Comando Sur de EEUU, en respuesta a las preguntas del senador John McCain, con respecto a la supuesta relación entre Venezuela y las FARC, y las “revelaciones” del laptop: "Nosotros no hemos visto conexión específica alguna que pueda comprobar que ha habido un lazo directo de gobierno a terroristas", dijo Fraser, quien agregó:”Yo soy escéptico.” (Fraser se retractó de su testimonio al día siguiente, tras una reunión con el funcionario superior del Departamento de Estado para América Latina, Arturo Valenzuela. Pero Fraser, como líder de los militares de EEUU para las actividades en América del Sur, se encuentra en una posición mucho mejor para saber lo todo.)

Pero quizás lo más revelador de todo son las actuales relaciones entre los gobiernos de Venezuela y Colombia, ahora que Juan Manuel Santos ha tomado el relevo de Álvaro Uribe como presidente de Colombia. Si Colombia, de hecho, tenía pruebas de un apoyo venezolano para las FARC, ¿se hubiera Santos acercado tan fácilmente a la administración de Chávez, para rápidamente impulsar el comercio y el dialogo político? Santos, curiosamente, es el hombre que, como ministro de Defensa de Colombia, supervisó el ataque contra el campamento de las FARC.

La política de EEUU, durante gran parte de la administración Uribe (2002-2010), parecía destinada a provocar tensiones entre Colombia y Venezuela. Ahora, con Santos en el cargo, y Colombia “de cara al futuro”, se ha anulado un acuerdo de la era Uribe para un aumento de la presencia militar de EEUU en Colombia, mientras los promotores de esta política mantienen la esperanza de crear problemas, a través del IISS.

Se le está pidiendo al mundo confiar en la palabra de ex funcionarios de inteligencia y de asesores de seguridad nacional de la administración Bush –que ayudan a supervisar las actividades del IISS– así como de sus homólogos del Reino Unido, que incluyen a ex asesores de Blair y Thatcher.

El experto del IISS elegido para presentar las conclusiones de este último expediente, por ejemplo, es un ex oficial de inteligencia británico que llevó a cabo operaciones de inteligencia en América Latina. Otros notables miembros del Consejo Consultivo del IISS incluyen a Robert D. Blackwill (ex asesor adjunto de Seguridad Nacional de George W Bush), Eliot Cohen (ex ayudante de la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, sobre asuntos estratégicos), Sir David Manning (ex asesor de política exterior de Tony Blair) y el príncipe Faisal bin Salman bin Abdulaziz de Arabia Saudita.

En otras palabras, algunas de las mismas personas que engañaron al pueblo de los Estados Unidos y del Reino Unido en la invasión de Irak ahora nos quieren hacer creer en sus “revelaciones” sobre Venezuela, Ecuador y las FARC.

El IISS está lleno de gente que debe saber una cosa o dos acerca de la “propaganda negra” –falsificación o alteración de la información, la fuente de la cual se enmascara, a fin de promover los objetivos políticos. El uso de tal “propaganda negra” es tan antigua como el espionaje en sí, y se utiliza habitualmente por la CIA y el MI6. El ex agente de la CIA, Philip Agee, describió varias operaciones en sus reveladoras memorias, Dentro de la Compañía: Diario de la CIA, publicadas en la década del 70.

Si los compinches de Bush estarían usando la “propaganda negra” para desprestigiar al gobierno de Chávez en un intento de socavarlo, no sería la primera vez. La administración Bush apoyó brevemente el derrocamiento de Chávez, en abril de 2002. El uso de la información alterada –tomas de filmación que fueron manipuladas para que pareciera como si los partidarios de Chávez habían asesinado a balazos manifestantes desarmados– jugó un papel clave en ese golpe de Estado. ¿Por qué se debería tomar como afirmaciones validas las de ex altos funcionarios de la administración de Bush acerca de las conexiones de Venezuela o Ecuador a las FARC?

Desgraciadamente, hay muchos individuos influyentes que siguen mirando a América Latina a través del prisma de la guerra fría, como los actuales jefes de de los comités de Relaciones extranjeras y del Hemisferio Occidental del Congreso de EEUU, así como varios autores de editoriales en los principales medios de comunicación de EEUU, que serán todos felices de confiar en la palabra de los agentes del IISS y de los neoconservadores –al igual que lo hicieron en el período previo a la invasión de Irak.


Tomado de Contrainjerencia.


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