Por Pedro José Madrigal Reyes
*In memoria de esa gran revolucionaria que fue mi abuela, Salustina Reyes, un ejemplo que no dejará de alumbrar el camino…
Mi nombre es Xilonem Itamar, solía ser maestra de primaria antes de la catástrofe, y en verdad nunca imaginé que un día escribiría sobre el final de la civilización, de nuestra especie, nunca imaginé que sería testigo de excepción de la mayor catástrofe que ha asolado la tierra desde su nacimiento…, y ahora que inicio estas mis últimas líneas, he de decir que los antiguos se equivocaron, ‘el fin del mundo vino de occidente y no del este…’
Soy de los pocos sobrevivientes que no perecieron en la Tercera Guerra Mundial…, y la verdad es que no se sabe como comenzó o al menos fue lo que dijeron los medios de comunicación hasta el último momento, sin embargo algunos insistieron que fue un ataque relámpago del estado sionista al pueblo Irán, otros dijeron que fueron los EEUU y sus lacayos europeos -a eso fue reducida la vieja Europa- al atacar Siria…, tras lo cual, otras potencias nuclearen entraron en el conflicto y en la defensa de sus propios intereses; y poco a poco se fueron sumando los estados a la guerra; fue cuestión de tiempo para que las primeras bombas nucleares fueran lanzadas, y con ello se provocara el exterminio en masa de la vida en la tierra tal y como la conocimos…
No hay ninguna duda de que el conflicto se inició por el control de recursos estratégico…, pero la voluntad belicista nunca fue una opción de los pueblo, sino que fue una decisión tomada en el seno de los poderes supra-soberanos para salvar su crisis económica…, ellos causaron la crisis con la especulación permanente sobre los bienes, incluso los vitales, luego se hicieron con el dinero público para salvar su forma de vida mientras el pueblo languidecía en la miseria y el abandono; finalmente provocaron guerras para aumentar sus ganancias comerciando con los instrumentos de la muerte…
Durante la guerra, los seres vivos fueron evaporados, la sangre no corría por las cunetas como en la épica Stalingrado…, tampoco hubo tiempo para el heroísmo, solo destrucción…
Fueron seis años del conflicto, la tierra quedó arrasada, el aire y las aguas envenenadas por la radiación, y una inmensa nube de polvo cubría el cielo, el sol dejó de existir para nosotros; quedó poca vida. Los víveres escaseaban, comíamos lo que había, y aún en esas condiciones teníamos esperanza…, al pasar el tiempo las pequeñas comunidades formadas por los sobrevivientes se fragmentaron por la falta de alimentos. Esa realidad reveló nuestra naturaleza animal, algunos empezaron a matar para hacerse con los alimentos de otros, unas pocas semillas, luego vino el canibalismo… Era la continuación de la guerra, pero esta vez en su forma más salvaje…, más animal, la crueldad que solo puede nacer cuando todas las esperanzas se ha esfumado y ya solo queda sobrevivir o morir.
La radicación nos enfermó, nuestros hijos nacían muertos, las deformaciones genéticas les hacían imposible la vida. Todos fueron muriendo hasta que me quedé sola en la inmensa soledad de este lúgubre mundo. Han pasado algunos años –no sabría decir cuántos- desde que el último de mis compañeros falleció y desde entonces no he vuelto a ver a otro semejante, no sé si debido a que nos alejamos de los núcleos habitados, o porque sencillamente soy la última de mi especie…
He reflexionado mucho sobre este final, y estoy convencida de que de alguna manera todos fuimos culpables; fuimos indiferentes al sufrimiento humano desde antes de la gran catástrofe. Vimos morir a los palestinos durante décadas bajo la bota imperialista sionista y no hicimos nada; luego asistimos al horror provocado por EEUU y sus socios en Irak sin que ellos nos movilizara masivamente en contra de los gobiernos belicistas; nada dijimos cuando la ONU, la OTAN, los imperialistas-colonialistas y la izquierda imperialista reformista se lanzaron contra Libia y la ahogaron en sangre; tampoco hicimos nada para que cerraran la cárcel de Guantánamo, o los CIEs, etc. Fuimos indiferentes hasta límites dramáticos e inimaginables… Solo hubo unos pocos que lucharon contra el brutal sistema en el que creíamos y por ello los despreciamos…
Las armas fueron disparadas por los imperialistas… y sus ejércitos, pero solo lo hicieron porque nosotros, los indiferentes, lo permitimos… Aunque a decir verdad, el conflicto solo precipitó el final al que ya estábamos condenado por nuestra forma de vida consumista dedicada a la explotación intensiva de todos los recursos disponibles…
Hace unos pocos días… vi el primer rayo de luz en décadas…, vi el sol entre las nubes de polvo que empiezan a desaparecer del cielo, y comprendí que ese es el rayo de esperanza que la tierra necesita…, que el manto verde se extenderá nuevamente hacia todos los rincones del mundo y florecerá nuevamente la vida, pero esta vez sin nosotros…, no habrá amanecer para la humanidad, los más brutales de los seres que ha parido este único y bello planeta…
Militante del FSLN
Comité de Solidaridad Sandinista
Casa Sandino
Sandinovive.info
PLOMO

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Cuaderno de Viajes
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