«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 13 de mayo de 2012

Este es mi nombre y así comenzó la soledad


Yendo al principio de todo, he de decir que en la infancia sufrí de asma infantil, -la que afortunadamente superé- además de desnutrición infantil…; y de alguna manera esos estados patológicos me mantuvieron en contacto con personal médico-sanitario durante mucho tiempo…, y creo que allí se gestó mi deseo de convertirme en uno de ellos…, así como la necesidad de empatizar con el sufrimiento ajeno… como bien saben los que me rodean, creo que esa es la justificación última de que mi causa sea la búsqueda permanente de las transformaciones de las relaciones sociales existentes…, único camino para la eliminación de la pobreza, etc.

Como les comentaba; estando en Posoltega movilizado en las brigadas fui enviado inmediatamente de regreso al detectarse que estaba padeciendo alguna enfermedad infecciosa, sin embargo, al volver me integré en otra brigada cuyo trabajo era recuperar los restos humanos de los fallecidos bajo el lodo del volcán Casitas, el paisaje era dantesco y en verdad que era la primera vez que veía tantos cadáveres juntos…, desmembrados, etc. Mi madre cuenta que por mucho tiempo estando dormido me incorporaba agitado diciendo: “… aún tengo presente a los muertos del Casitas…”; supongo que se trataba de algún grado de estrés postraumático…

Fue en Posoltega donde se me detectó la primera manifestación de que estaba sufriendo un proceso infeccioso, se trataba de una adenopatía en el cuello; con posterioridad las adenopatías se hicieron múltiples y visibles a simple vista, acompañadas ya para ese momento de síndrome febril… Los resultados de los exámenes de laboratorio no arrojaban respuestas, en cuanto se procedió a tomar muestras de cada ganglio linfático afectado… Dado que nadie se atrevía a extraerme el material purulento contenido en cada lesión, decidí que lo tenía que hacer yo mismo y efectivamente así lo hice…

Cuando obtuve los resultados tenía además de la infección viral, aún no detectada en el momento, una infección bacteriana oportunista superpuesta…

En la medida de que la enfermedad se fue profundizando, el deterioro físico se fue haciendo evidente, empezando por la pérdida de apetito –mi peso descendió hasta los 43 kg-, dolores extremos, afecciones cardiacas que empezaron a limitar mi movilidad, afección renal, dificultades respiratorias: recuerdo que aún en ese estado opté por continuar y concluir el año lectivo contraviniendo las recomendaciones médicas…

La verdad es que no fui consciente de la gravedad de mi dolencia, hasta que en una ocasión –luego sería común- al despertarme por la mañana y en estado de vigilia, no podía mover ni un solo musculo del cuerpo…, pasados unos 15 minutos pude abrir los ojos y articular alguna palabra. Ahora mismo no recuerdo como se llama el compañero de habitación que me vio en ese estado por primera vez, que al ver que no podía hablar fue inmediatamente al cuerpo médico del internado para que fuera a atenderme… Ese mismo día, por la noche, experimentaría el primer episodio delirante que luego se harían de lo más común, pero ese en especial fue perturbador…

Ocurre que mientras dormía y en ese estado de inmovilidad tuve la sensación de que alguien estaba a mi lado -dormía en la parte superior de una litera-, incluso llegaba a escuchar y a sentir su respiración golpeándome en la cara…; cuando finalmente pude salir de ese estado mental, me levanté y dirigí al baño con una sensación terrible… Al cabo de un rato volví a la cama, pero al pasar el umbral de la puerta observé en la oscuridad una silueta humana que me observaba desde una posición reptiliana… Sentía que perdía el control sobre mí conciencia y pensamiento hasta que finalmente comprendí que estaba delirando…, estuve frente al ‘sujeto’, fruto de la encefalitis que padecía, varios minutos, tras lo cual decidí vencerlo y me fui aproximando, para mi sorpresa aquello retrocedía en la medida en que me acercaba manteniendo la distancia…

Volví a la litera y aquella figura se subió a la pared –como lo haría el hombre araña pero de espaldas a la pared- y se quedó allí observándome hasta que llegó el amanecer y se diluyó en los rayos de sol que entraban por la ventana.

Creo que en ese punto empezó a arraigar en mi consciente el sentimiento de profunda soledad que aún no he podido superar, y por supuesto el de fatalidad inminente…; quizá esa sea la razón de que no tema a la muerte, porque de alguna manera ha sido mi compañera desde estos hechos ocurrido ya hace catorce años…

Tras esto se hizo necesario que el tratamiento de mi dolencia fuera intrahospitalario. 

Notas

1. Este es mi nombre y esta mi historia de supervivencia.

Pedro MADRIGAL
KBML-1917
MK9
 

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