«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 11 de junio de 2012

Resistencia minera y las críticas del 15M

Por José Luis Forneo


Los mineros asturianos, los descendientes de aquellos que llevaron a cabo en 1934 la única Revolución Obrera de la historia de España, callada a sangre y fuego por el que luego haría lo propio con todo el país, el fascista Francisco Franco, al que debemos la España actual, se han levantado de nuevo contra los estafadores del gobierno que intentan dejarles en el paro y la miseria, recortando las subvenciones a la industria extractiva, mientras se lo regalan a sus amigos, los mafiosos de BANKIA y otros bancos.

El conflicto minero ha desembocado en una huelga general, convocada, eso sí, curiosamente, por UGT y CC OO, los mismos que se empeñan en no convocarla en el resto de España por las mismas razones que en Asturias. Es cierto que la resistencia de los mineros asturianos de hoy no es una Huelga General Revolucionaria en la que los trabajadores intentaron, con éxito fugaz, echar del poder de sus ayuntamientos y ciudades a los representantes de la oligarquía, al servicio de la gran empresa y, en especial, de su propio bolsillo, pero de nuevo vuelven a dar ejemplo de cómo se lucha por los derechos que una panda de buitres, la misma banda de forajidos encorbatados de siempre, les intentan robar.

Estos días también se ha producido en Asturias un nuevo conflicto, el del transporte, cuya lucha se ha sumado a la de los mineros, convirtiendo a Asturias hoy en la región más combativa de esta España del saqueo y la desvergüenza política.

El problema minero es más profundo de lo que parece, y viene de lejos. Con la entrada en la Unión Europea los gobiernos españoles se apresuraron a obedecer órdenes y acabar con las industrias productivas del país para convertirlo en el paraíso de los servicios (es decir, turismo, prostitución y alcohol), poniendo la semilla de la profunda crisis que se vive hoy. El esqueleto de toda economía es la producción, y España es hoy como el Licenciado Vidriera que inventara Cervantes, que no se podía sostener en pie por falta de huesos, de estructura, de andamios.

Algunos, en especial en los años del nefasto Aznar, se inventaron aquello de la burbuja inmobiliaria para que se llenaran los bolsillos la familia, amigos y financistas, quizás previendo lo que se avecinaba. En cuanto la económica capitalista empezó a tropezar, España se encontró sin poder sostenerse en pie, y andando, de momento, a trompicones con la ayuda de la muleta temporal de la deuda externa. Por supuesto que los gobiernos de Zapatero no hicieron nada para remediar el desastre, y muy al contrario, siguieron la misma receta, pues los amos de uno y de otro eran los mismos: las grandes corporaciones de la usura y otros crímenes, los bancos.

En fin que después de hacer tabla rasa de la gran industria productiva española, y de acabar, con la excusa de la poca productividad, con la minería del carbón (entre otras), es bastante comprensible que el Titanic de España se esté hundiendo al chocar con el iceberg.

El problema de la minería española, y en especial de los mineros, que son personas y no estadísticas, es que desde entonces, desde las reconversiones sucesivas, no se ha hecho nada para darles una solución a la destrucción de sus puestos de trabajo, pues, entre otras cosas, ningún gobierno ha invertido apenas nada en producción industrial (mas allá de construir pisos y campos de golf incluso en zonas donde no había agua). Y cuando el barco, o el hombre sin esqueleto, se empezó a hundir o a tropezar, y llego la supuesta necesidad de hacer recortes a las subvenciones mineras mientras se regalaba dinero público a los causantes de la crisis, es decir, aquellos a los que representan los grandes partidos políticos y los gobiernos.

Por supuesto que el conflicto nos lo venden desde los medios de comunicación (parte esencial del entramado de corrupción y saqueo que es el sistema político español) como un asunto partidista, al que, por supuesto, en este caso el PSOE se pone del lado de los mineros (aunque fuera precisamente durante los años de gobierno de Felipe González cuando se dejo a miles de mineros de patitas en la calle), y él es PP el que recorta las subvenciones, por supuesto por necesidad y "amor a la patria" (ese amor tan habitual, según parece, que consiste en enriquecerse a su costa).

Por otro lado está el 15M, este otro conflicto tan publicitado y, en este caso, defendido por los medios, y que hace cada vez mas honor al dicho aquel de "mucho ruido y pocas nueces". Su asamblea de Medio Ambiente parece opinar que la lucha de los mineros asturianos es criticable, porque el carbón "contamina". Así, la Acampada Sol emitió un comunicado sobre la lucha de los mineros de la zona de Asturias-León en defensa de sus puestos de trabajo en el que puntualizaba que, aunque se solidarizaban con los mineros, es decir trabajadores jugándose su puesto de trabajo y su sustento, les parece correcta la intención del gobierno de acabar con las minas porque, Status Quo dixit, son muy contaminantes.

Sólo les falta decir que la culpa es de los mineros que son unos contaminadores por trabajar en la mina, y que es mejor que sus familias se mueran de hambre antes que emitir CO2 al aire. Y eso aunque, probablemente, muchos de los que supuestamente votaron en la supuesta asamblea el supuesto comunicado fumen, tengan coche, consuman bebidas en botellas de plástico, o lleven ropa de nylon o cualquier otro tejido utiliza recursos naturales directamente o transformados químicamente.

En el comunicado de los miembros del 15M, movimiento antónimo al minero y antónimo a la tradicional organización de este , comprobamos que se coincide, curiosamente, como en tantas otras ocasiones, con las razones argüidas por la Unión Europea o los expertos del gobierno para acabar con los miles de puestos de trabajo que existían en la minería a principios de los años 80, en el marco de dejar a España sin industria pesada o extractiva y convertirla en el lugar donde los ciudadanos europeos de primera vienen a gastarse el dinero que les sobra después de comprarles lo que nosotros renunciamos a producir.

Si, puede que el carbón no sea el combustible más eficaz hoy en día, pero a falta de otro puesto de trabajo para los mineros, con el que dar de comer a sus familias, hay que defender su lucha, sus huelgas, y, por supuesto, las minas donde se ganan la vida.

Pues, aunque el tan aplaudido por los medios, el movimiento 15M, no parezca entenderlo, no se trata de un juego en el cual se protesta para poder recuperar aquella falacia que jamás existió, lo que se ha venido a llamar "estado de bienestar", sino de lo que siempre se trató en realidad, aunque algunos no quisieran ni quieran todavía verlo: de la cruda y cruel lucha de clases (si, aquello que en los colegios, institutos, y medios de información se empeñan en invisibilizar como si ya no existiera y nunca habría tenido sentido), es decir, de la lucha por el pan que algunos, los que viven parasitando nuestro trabajo, en cuanto les dejamos nos quieren robar.


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