«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 22 de febrero de 2013

“Sí, camaradas, yo soy rudo...con quienes destruyen y dividen el Partido”. Stalin sobre el "testamento" de Lenin

El "testamento" de Lenin fue dado a conocer a los delegados al XIII Congreso del PC(b), fue también discutido en varias oportunidades en Plenos del C.C. bolchevique de 1924 y en 1925. En octubre de 1927, en la reunión del Pleno del C.C. que discutía la expulsión de Trotsky y Zinoviev del C.C. como consecuencia de sus actividades antipartido, Stalin volvió a tocar el tema del "testamento". Su intervención en ese pleno -titulado "La oposición trotskista, antes y ahora"- fue publicado en Pravda del 2 de noviembre. En consecuencia las referencias directas al "testamento" y a lo que según los trotskistas se trataba de ocultar, es decir, la sugerencia de Lenin de sustituir a Stalin de la posición de secretario general, eran discutidas públicamente, en 1927, por el propio Stalin, sin ninguna reserva. Por otra parte, el fragmento de ese discurso de Stalin que a continuación reproducimos, expone la correcta lectura del llamado testamento de Lenin, vale decir, una lectura política de la apreciación política de Lenin -el político- sobre connotados dirigentes del Partido. Stalin hace bien en decir que el único dirigente al que Lenin no critica algún error político es Stalin. Trotsky es señalado por su "no bolchevismo", por no ser bolchevique con la significación ideológica y política que tiene ese término; Zinoviev, Kámenev, Bujarin, etc. por otros tantos errores políticos. En Stalin, Lenin señala su rudeza en el trato entre camaradas, le hace una crítica a una cualidad personal que puede tener una repercusión política, pero nunca critica a Stalin su posición o línea política, como a los otros. Por eso, con confianza, Stalin dice que el "testamento" de Lenin es mortal para Trotsky, Zinoviev y Kámenev. Incluso el trotskista Deutscher llega a afirmar -en su biografía de Stalin- que Trotsky es el que peor parado queda con el "testamento de Lenin. Trotsky y los trotskistas, por su lado, acentúan la crítica a la "brutalidad" de Stalin, deformando con aparentes sinónimos el verdadero significado de la crítica de Lenin. Por otro lado, ponen el énfasis en la "suave" crítica a Trotsky, en la que Lenin crítica "la tendencia de Trotsky a concentrarse demasiado en el aspecto administrativo de los asuntos", olvidando el "no bolchevismo" de Trotsky, es decir, el aspecto político principal de la crítica de Lenin.

El documento:


STALIN

Hablemos ahora del “testamento” de Lenin. Los oposicionistas han gritado aquí –vosotros lo habéis oído– que el Comité Central del Partido ha “ocultado” el “testamento” de Lenin. Como sabéis, esta cuestión se ha examinado varias veces en el Pleno del C.C. y de la Comisión Central de Control. (Una voz: “Decenas de veces”.) Se ha demostrado y vuelto a demostrar que nadie oculta nada, que el “testamento” de Lenin iba dirigido al XIII Congreso del Partido, que este “testamento” fue leído en el Congreso (Voces: “¡Así es!”), que el Congreso decidió por unanimidad no publicarlo, porque, entre otras cosas, el propio Lenin no lo quiso ni lo pidió. La oposición sabe todo esto tan bien como todos nosotros. Y, no obstante, tiene la desfachatez de declarar que el C.C. “oculta” el “testamento”.

Si no me equivoco, del “testamento” de Lenin nos ocupamos ya en 1924. Existe un tal Eastman, en tiempos comunista norteamericano y expulsado después del Partido. Este señor, luego de codearse en Moscú con los trotskistas y de reunir algunos bulas y habladurías sobre el “testamento” de Lenin, marchó al extranjero y publicó un libro titulado “Después de la muerte de Lenin”, donde no regatea colores para difamar al Partido, al Comité Central y al Poder Soviético, y en el que todo lo basa en el supuesto de que el C.C. de nuestro Partido “oculta” el “testamento” de Lenin. Como el tal Eastman estuvo en tiempos relacionado con Trotsky, los miembros del Buró Político invitamos a Trotsky a que se desolidarizara de Eastman, quien, al agarrarse a Trotsky y remitirse a la oposición, hacía a Trotsky responsable de las calumnias dirigidas contra nuestro Partido a propósito del “testamento”. Dada la diafanidad de la cuestión, Trotsky, en efecto, se desolidarizó de Eastman con la correspondiente declaración en la prensa. La declaración fue publicada en septiembre de 1925, en el núm. 16 de “Bolshevik”.

Permitidme que lea el lugar de este artículo de Trotsky en el que se refiere a si el Partido y su C.C. ocultan o no el “testamento” de Lenin. Cito el artículo de Trotsky:


“En algunos pasajes del libro, Eastman dice que el C.C. ha “ocultado” del Partido documentos de excepcional importancia escritos por Lenin en el último período de su vida (se trata de cartas sobre la cuestión nacional, del llamado “testamento” y otros); esto no merece más calificación que la de calumnia vertida contra el C.C. de nuestro Partido*. De las palabras de Eastman puede deducirse que Vladímir Ilich destinaba a la prensa estas cartas, que tienen carácter de consejos sobre la organización interior. En realidad, eso es completamente falso. Vladímir Ilich, desde su enfermedad, dirigió más de una vez a los órganos directivos del Partido y a su Congreso proposiciones, cartas, etc. Todas estas cartas y proposiciones, naturalmente, siempre fueron transmitidas, puestas en conocimiento de los delegados al XII y al XIII Congresos del Partido y siempre, claro está, ejercieron la oportuna influencia en las decisiones del Partido; y si no todas estas cartas fueron publicadas, ello se debe a que su autor no las destinó a la prensa. Vladímir Ilich no dejó ningún “testamento”, y el mismo carácter de su actitud hacia el Partido, así como el carácter del mismo Partido, excluyen la posibilidad de tal “testamento”. Con el título de “testamento”, en la prensa burguesa y menchevique extranjera y de la emigración se menciona, por lo común (adulterándola hasta dejada desconocida), una de las cartas de Vladímir Ilich, que contiene consejos en punto a organización. El XIII Congreso del Partido estudió con la mayor atención esta carta, igual que todas las demás, y extrajo de ella las conclusiones propias de las condiciones y circunstancias del momento. Todas las disquisiciones sobre un “testamento” ocultado o infringido son un infundió malintencionado y están dirigidas por entero contra la verdadera voluntad de Vladímir Ilich* y los intereses del Partido que él creó” (v. el artículo de Trotsky “Acerca del libro de Eastman “Después de la muerte de Lenin””, “Bolshevik”, núm. 16, 1 de septiembre de 1925, pág. 68). * Subrayado por mí. J. St.


Me parece que está claro. Esto lo escribe Trotsky, y nadie más que él. ¿Con qué fundamento Trotsky, Zinóviev y Kámenev hablan por los codos ahora, afirmando que el Partido y su C.C. “ocultan” el “testamento” de Lenin? Se “puede” hablar por los codos, pero hay que tener sentido de la medida. Se dice que, en este “testamento”, el camarada Lenin proponía al Congreso que, en vista de la “rudeza” de Stalin, reflexionase acerca de la sustitución de Stalin en el cargo de Secretario General. Esto es la pura verdad. Sí, camaradas, yo soy rudo con quienes brutal y arteramente destruyen y dividen el Partido. No lo oculto ni lo he ocultado. Es posible que se requiera cierta suavidad para con los escisionistas. Pero yo no valgo para eso. En la primera reunión plenaria del C.C. después del XIII Congreso pedí ya al Pleno del C.C. que me relevara de las funciones de Secretario General. El propio Congreso examinó esta cuestión. Cada delegación la examinó, y todas, incluyendo a Trotsky, Kámenev y Zinóviev, impusieron por unanimidad a Stalin que permaneciera en su cargo.

¿Qué podía hacer yo? ¿Abandonar el puesto? Eso no va con mi carácter; yo no he abandonado jamás ningún puesto y no tengo derecho a abandonarlo, porque eso sería desertar. Como ya he dicho antes, soy un hombre dependiente; y cuando el Partido lo impone, yo debo obedecer.

Un año más tarde volví a pedir al Pleno que se me relevara, pero de nuevo se me impuso que permaneciera en el cargo.

¿Qué más podía hacer yo?

En cuanto a la publicación del “testamento”, el Congreso acordó no publicarlo, porque iba dirigido a él y no estaba destinado a la prensa.

Tenemos la decisión del Pleno del C.C. y de la Comisión Central de Control, celebrado en 1926, de pedir autorización al XV Congreso para hacer público este documento. Tenemos la decisión de este mismo Pleno del C.C. y de la Comisión Central de Control de publicar otras cartas de Lenin, en las que señala los errores de Kámenev y de Zinóviev ante la insurrección de Octubre y exige que sean expulsados del Partido.

Está claro que las disquisiciones acerca de que el Partido oculta estos documentos son una infame calumnia. Entre ellos figuran también documentos como las cartas de Lenin respecto a la necesidad de expulsar del Partido a Zinóviev y a Kámenev. Jamás ocurrió que el Partido Bolchevique, que el C.C. del Partido Bolchevique temiesen la verdad. La fuerza del Partido Bolchevique consiste, precisamente, en que no teme la verdad y la mira cara a cara.

La oposición se empeña en sacar tajada del “testamento” de Lenin. Pero basta leerlo para comprender que no tienen de dónde sacar tajada. Por el contrario, el “testamento” de Lenin es mortal para los actuales líderes de la oposición.

En efecto, es un hecho que Lenin, en su “testamento”, acusa a Trotsky de “no bolchevismo”, y en cuanto al error de Kámenev y Zinóviev en el período de Octubre dice que no fue una “casualidad”. ¿Qué significa esto? Significa que políticamente no se puede confiar ni en Trotsky, que adolece de “no bolchevismo”, ni en Kámenev y Zinóviev, cuyos errores no son una “casualidad” y pueden y deben repetirse.

Es significativo que en el “testamento” no haya ni una palabra, ni una alusión acerca de errores de Stalin. Sólo se habla de la aspereza de Stalin. Pero la aspereza no es ni puede ser un defecto de la posición o de la línea política de Stalin.

He aquí el lugar correspondiente del “testamento”:

“No seguiré caracterizando a los demás miembros del C.C. por sus cualidades personales. Recordaré sólo que el episodio de Zinóviev y Kámenev en Octubre no es, naturalmente, una casualidad, y que de esto se les puede culpar personalmente tan poco como a Trotski de su no bolchevismo”.

Me parece que está claro.

Extraído de "La oposición trotskista, antes y ahora"
Crítica Marxista Leninista

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