«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 7 de abril de 2013

El papa Francisco I: ¿de conservador a revolucionario?

Vale apuntar que desde Esquivel, pasando por Boff, y todos los gobiernos de la región, al hacer caso omiso de la historia se han convertido en cómplices de una agresión histórica contra los pueblos, contra nuestros pueblos. Al desdecir sus palabras, negar sus palabras, se han convertido en simples y vulgares culpables, en repugnantes mentirosos que juegan con las percepciones de las masas desde sus atalayas construidas por sus reputaciones fabricadas… Desde ese momento su moralidad ha quedado entredicha pues se han alineado con los poderosos y convertido en instrumento directo de persuasión y dominación de las masas. Hoy Boff y Esquivel se han convertido en encubridores, en consecuencia en culpables.

Pancho I Begoglio, fue, es y será un conservador, una mente retardataria… Un culpable –sea por acción u omisión- de las atrocidades que el fascismo argentino cometió en esas tierras del Sur… Ahora Bergoglio marcha junto aquellos que le consideraron culpable, y que por alguna razón cambiaron radicalmente su discurso; juntos marchan pisoteando la memoria de las víctimas.

El documento:


Por Aníbal Corti

Pérez Esquivel en 2005: Bergoglio piensa que "los que trabajaban socialmente con los sectores más pobres, más necesitados, eran comunistas, subversivos, terroristas”

Antes de su elección hace un par de semanas como obispo de Roma y sumo pontífice, el cardenal Jorge Mario Bergoglio era ampliamente considerado por los fieles católicos de izquierda como un cura conservador.

En 2005, por ejemplo, cuando se manejaba su nombre para suceder a Juan Pablo II, el ex fraile franciscano Leonardo Boff, uno de los fundadores de la teología de la liberación latinoamericana, le dijo al periodista Darío Pignotti, para el diario argentino Página 12, que su candidatura no debería siquiera ser considerada. "Creo que Bergoglio tiene mucho que explicar, hay una mancha en su biografía y eso no es bueno para la figura de un papa. Y ese pasado gris no sólo lo alcanza a él sino a todo el Episcopado argentino, con la excepción de algunos obispos proféticos que fueron aislados", dijo. El periodista le preguntó si estaba acusando específicamente a Bergoglio o si la suya era una acusación genérica, a lo que Boff respondió: "Es que Bergoglio acompañó la tendencia dominante en la Iglesia argentina durante la dictadura. No se puede aislar a su figura de la Conferencia de Obispos que fue cómplice de los militares". El periodista insistió y el entrevistado reafirmó sus palabras:

"-¿Usted está diciendo que la elección de Bergoglio sería un escándalo?

-No diría un escándalo, diría que él llegaría marcado por un gran interrogante: ¿cómo es que llevamos a lo más alto de la Iglesia a alguien que apoyó un régimen que cometió crímenes de lesa humanidad? ¿Cómo ese hombre va a hablar de derechos o de dignidad, si él fue cómplice?".

En aquellos días también Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la paz y uno de los fundadores del Servicio Paz y Justicia (Serpaj), dijo públicamente que la actitud de Bergoglio durante la dictadura no había sido una excepción al comportamiento general de las altas autoridades eclesiásticas argentinas durante el período. "La actitud de Bergoglio se inscribe dentro de todas estas políticas de pensar que todos aquellos que trabajaban socialmente con los sectores más pobres, más necesitados, eran comunistas, subversivos, terroristas", dijo en un programa especial de tevé (que puede verse en Youtube). Agregó que un papa debía tener definiciones muy claras y que Bergoglio no cumplía con ese requisito porque era "una persona ambigua".

Quien finalmente accedió ese año al trono de Pedro fue el cardenal alemán Joseph Ratzinger. Casi siete más tarde, con la renuncia de Ratzinger de por medio, el argentino tuvo una segunda oportunidad. Y fue la vencida.

Tanto Pérez Esquivel como Boff saludaron con entusiasmo la transformación de Bergoglio en Francisco. Pérez le dijo a 'BBC Mundo' a escasas horas de que la elección hubiera tenido lugar que estaba seguro de que Bergoglio no había colaborado con la dictadura, y volvió a decirlo algunos días más tarde en una columna en el diario argentino 'Clarín' y otra vez después de entrevistarse con Francisco en Roma. Boff por su parte declaró a la agencia 'DPA' no saber del tema: "No sé nada sobre este tema. Me oriento por Pérez Esquivel, quien fue duramente torturado y conoce bien a Bergoglio". Algunos días más tarde el destacado teólogo brasileño señaló a la revista alemana 'Der Spiegel' (declaraciones que recoge la agencia 'EFE'):

"Conocí a Orlando Yorio, uno de los jesuitas que se supone que fueron traicionados por Bergoglio y nunca formuló ante mí tales acusaciones". Yorio murió en Montevideo en 2000, así que por fuerza Boff tiene que haberlo conocido mucho antes de 2005. Lo que Yorio le haya dicho entonces, o no le haya dicho, no puede haber cambiado su opinión sobre Bergoglio en estos siete años. Boff también le dijo a 'Der Spiegel' (siempre según 'EFE') que el papa Francisco sorprendería a muchos dando un vuelco radical a la Iglesia. "Muchos se sorprenderán con lo que va a hacer Francisco. Para ello necesitará una ruptura con las tradiciones, dejar atrás la curia corrupta del Vaticano para abrirle paso a una Iglesia universal", afirmó. En su blog (leonardoboff.wordpress.com) escribió además que el papa Francisco está llamado a restaurar la Iglesia original de Cristo, como san Francisco de Asís fue llamado a hacerlo en su momento.

Desde luego que no es malo cambiar de opinión, pero el cambio en este caso parece haber sido demasiado abrupto: una especie de revelación. El punto no es si Bergoglio colaboró o no colaboró con la última dictadura militar argentina. El punto es que los sectores de izquierda dentro de la Iglesia Católica, que antes (con razón o sin ella) lo veían como un conservador, tras un raro viraje ahora parecen considerarlo una especie de revolucionario.

El domingo pasado Horacio Verbitsky atribuyó el cambio en el discurso de Pérez Esquivel y de otros argentinos a una suerte de euforia nacionalista que concita y reclama la unanimidad de las adhesiones (como ya antes había pasado con el Mundial de Fútbol de 1978 y la invasión a las Malvinas de 1982). Pero esa hipótesis tiene un problema: el viraje no parece exclusivo de los argentinos. Como el fenómeno no es puramente local, la hipótesis nacionalista de Verbitsky no lo explica en toda su extensión.

Hay otra hipótesis, bastante obvia. La curia romana corrupta necesitaba un lavado de cara. La crisis del catolicismo es grave y notoria y amenaza severamente su hegemonía religiosa sobre una buena parte del mundo. Los cardenales electores (la inmensa mayoría de los cuales son conservadores o directamente reaccionarios) no podían designar jamás a un hombre que desafiara verdaderamente el 'statu quo' de la Iglesia, así que pusieron a un conservador en el puesto. Pero tampoco podían dejar todo exactamente como estaba. Así que había que hacer lo que siempre ha hecho la cristiandad cuando se ha encontrado en situación de crisis [cambiar algo para que todo quede como está]: ir a buscar inspiración en el mandato evangélico original y en la práctica (humilde, misionera) de las comunidades cristianas de los siglos I, II y III. La vuelta al cristianismo original, el retorno a los fundamento mismos de la fe, fue la respuesta de Francisco de Asís cuando recibió de Dios el mandato de reconstruir su Iglesia. También fue el lema central y motivo recurrente de la reforma protestante y en general ha sido la respuesta que la cristiandad ha dado históricamente cada vez que se ha encontrado ante un callejón sin salida.

Es muy probable que ese cambio estuviera en el ambiente. Es muy probable que los hombres de la Iglesia lo vieran venir, independientemente de quién fuera designado específicamente para timonearlo. El entusiasmo que provocó la transformación de Bergoglio en Francisco puede parecer algo extraño en personas de izquierda, pero es probable que Boff y Pérez Esquivel hubieran advertido (o creído advertir) de antemano que el próximo papa iba a ser un revolucionario, incluso a pesar de sí mismo.

Desde luego, puede que todo se trate solamente de un lavado de cara. Uno más de los muchos que acumula una institución corrupta que ha estado siempre, invariablemente, al menos desde que el emperador Constantino se convirtió al cristianismo, del lado de los fuertes y de los que tienen el poder. Boff y Pérez son católicos y están obligados a tener esperanza. La esperanza es una virtud teologal. El resto de nosotros, en cambio, podemos permitirnos el escepticismo.

Brecha
La Haine

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